martes, 30 de septiembre de 2008
Aliento
La idea es respirar. Llenar los pulmones con una inspiración profunda que nos atraviese y renueve para seguir viviendo. Pero no puedo llenar. No todo el tiempo, no siempre que quiero. Algo me impide respirar profundamente. Un médico me dijo una vez que tenía episodios de asma alérgica y que ésa era la razón. Pero yo sé que no. Sé que me pasa cuando algo me quita el aliento. Algo que quizá me interese tanto que no puedo menos que asustarme. Cuando, al esperar, cada minuto se estira de tal manera que llegas a la convicción de no pasará nunca. Cuando entre la garganta y el pecho se instalan a la vez las cosas más contradictorias. No importa si son incomprensibles, no importa si son reales ni cómo llegaron ahí. No te puedes preguntar, no te puedes, sobre todo, responder. Se instalan y no dejan paso al aire. El oxígeno entra como a empujones porque no hay espacio para todos. Y no sabes qué nombre darle, ni qué hacer. Sólo sabes que te quita el aliento.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Otoño
Se nos va septiembre, se me ha escurrido entre las manos. Ha empezado el otoño con sus sobrias convicciones: yo te llevaré al invierno. Los días se harán más cortos conmigo, cada vez hará más frío y el clima será más incómodo para pasear al aire libre. Por eso es más popular la primavera, el verano...hasta el invierno. Pero yo anhelo este otoño, lo anhelo mientras lo vivo, comenzando con una suavidad que es sólo un regalo, no un anticipo.
Cuando estudiaba las estaciones del año en el colegio (en una ciudad donde no existían las estaciones, al menos no las mismas) las palabras clave eran renacer en primavera, juventud en verano, enfermedad en otoño y muerte en invierno. Así lo asociaba mi profesora, quien fuera que fuera. Si la vida fuera una línea recta quizás tendría algún sentido. Pero con todos esos valles y montañas, subidas y bajadas, vueltas y regresos, idas y comienzos, caminos paralelos, laberintos disfrazados y tristezas circulares, necesitamos tiempos para sacudirnos, para renovarnos, pero ya no renaceremos puros e inocentes como la dulce primavera. Con suerte nos podremos quitar de encima lo que después de mucho esfuerzo entendemos que no necesitamos.
No es tan promisorio ni tan poético como la primavera, pero supongo que cada uno encuentra sus otoños cuando los necesita, espacios tranquilos y de luz tenue donde aprender de uno mismo y de la vida mientras todo sigue caminando.
Cuando estudiaba las estaciones del año en el colegio (en una ciudad donde no existían las estaciones, al menos no las mismas) las palabras clave eran renacer en primavera, juventud en verano, enfermedad en otoño y muerte en invierno. Así lo asociaba mi profesora, quien fuera que fuera. Si la vida fuera una línea recta quizás tendría algún sentido. Pero con todos esos valles y montañas, subidas y bajadas, vueltas y regresos, idas y comienzos, caminos paralelos, laberintos disfrazados y tristezas circulares, necesitamos tiempos para sacudirnos, para renovarnos, pero ya no renaceremos puros e inocentes como la dulce primavera. Con suerte nos podremos quitar de encima lo que después de mucho esfuerzo entendemos que no necesitamos.
No es tan promisorio ni tan poético como la primavera, pero supongo que cada uno encuentra sus otoños cuando los necesita, espacios tranquilos y de luz tenue donde aprender de uno mismo y de la vida mientras todo sigue caminando.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Ventanas
Sin saber por qué por la mañana recordé una conversación en la que alguien me habló de Aretha Franklin. Pensé en esa charla mientras tomaba café. Pensé en las cosas que se dijeron, en las cosas que se pensaron. Es decir, en las cosas que dijimos y en las que yo pensé. Y en las risas. Y en la certeza de que soy el único sector de la conversación que la recuerda. Por nada en particular, simplemente hay cosas que recuerdo. También pensé, por lo que emanaba de aquel recuerdo, en esos momentos en que nos sentimos trastornados, en que dudamos de lo que somos y sentimos que otras fuerzas han tomado el control de nuestra vida, esos momentos en que nos desconocemos. Y en lo difícil que es hacer entender esto. Y en cómo aunque queramos no podemos explicarlo y mucho menos justificar nuestros actos embebidos de esa sensación de locura transitoria. Y en las ganas que tenía de que me entendieras, de que te importara.
Por la tarde brilló el sol y abrí una ventana para sentirlo. Desde ella se ven los tejados de la ciudad. Tenía la radio encendida y en el programa de siempre, donde dos músicos ponen dos canciones, una de ellas fue Respect, de Aretha Franklin. Primero me sorprendí y luego canté a todo volumen. No sabía si reír o llorar. Al final, sin saber por qué, lloré un poco.
Por la tarde brilló el sol y abrí una ventana para sentirlo. Desde ella se ven los tejados de la ciudad. Tenía la radio encendida y en el programa de siempre, donde dos músicos ponen dos canciones, una de ellas fue Respect, de Aretha Franklin. Primero me sorprendí y luego canté a todo volumen. No sabía si reír o llorar. Al final, sin saber por qué, lloré un poco.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Ruido ambiente
Qué alta está la tele. ¿Suben el volúmen durante los anuncios? Todo me parece publicidad: los coches y los perfumes, los desatascantes de tuberías, los políticos y el calentamiento global. Oigo a alguien hablar por teléfono. Más gritos, voces agudas y altas para decir las frases esperadas. Sí, la familia es lo primero. Sí, lo importante es tener salud. Sí, la cosa es andar en paz. Por la ventana entran ruidos distintos. O quizá sean sonidos armónicos, notas musicales, no lo sé, no logro distinguirlo. Lo intento, pero no son nítidos, están cubiertos por una niebla pegajosa. Si no te fijas no la notas, porque está siempre ahí. No me deja escuchar ni siquiera lo que pasa dentro de mi cabeza. Es el ruido en el ambiente. Con tantos murmullos no puedo pensar, no puedo inventar pretextos, no puedo fingir que vivo una vida, no puedo ni siquiera recordar aquella sonrisa.
Quizá si muevo las manos, si llevo dos dedos hasta las orejas y aprieto fuerte. Quizá encontraré silencio. Quizá vea al mundo como desde la placidez de la cámara lenta. Las imágenes mudas apenas se percatarían de mí. Y desde el fondo, ya la veo venir, se acercaría con gran sigilo una sonrisa.
Quizá si muevo las manos, si llevo dos dedos hasta las orejas y aprieto fuerte. Quizá encontraré silencio. Quizá vea al mundo como desde la placidez de la cámara lenta. Las imágenes mudas apenas se percatarían de mí. Y desde el fondo, ya la veo venir, se acercaría con gran sigilo una sonrisa.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Paz
Me quedo mirando la nada pensando en lo que voy contar aquí. Reviso esa pequeña lista de borradores que por distintas razones he dejado a medias. Pero ninguno habla de lo que siento hoy y yo no sé cómo decirlo sin que suene extraño, sin que parezca exigir explicaciones.
Es tan imprevisto como un ataque de pánico, tan arbitrario como un accidente, es como una pequeñita, pequeñita sensación de paz. Como una mínima intuición de esperanza, o de normalidad. Como dejar en el suelo un peso que se lleva en la espalda, o salir a respirar después de bucear bajo el agua.
La noto ahí, sutil, en el centro del pecho. No le pido nada, no hace falta que borre heridas, ni que prometa quedarse.
Hoy se duerme conmigo y mañana se verá.
Es tan imprevisto como un ataque de pánico, tan arbitrario como un accidente, es como una pequeñita, pequeñita sensación de paz. Como una mínima intuición de esperanza, o de normalidad. Como dejar en el suelo un peso que se lleva en la espalda, o salir a respirar después de bucear bajo el agua.
La noto ahí, sutil, en el centro del pecho. No le pido nada, no hace falta que borre heridas, ni que prometa quedarse.
Hoy se duerme conmigo y mañana se verá.
martes, 2 de septiembre de 2008
Agosto que se fue
Agosto fue un mes largo y extraño como un día de resaca. Un día en que no apetece ni salir de la cama, un día que parece ajeno, que no se acaba de entender. Un mes torpe en el que todo sale mal.
Para rematar ese mes extranjero conseguí irme lo suficientemente lejos como para sorprenderme con el paisaje. Allí me encontré con un poco de música, con un poco de poesía, con un poco de teatro. Y así pasé algunas horas, lejos de agosto. Conocí ruinas de piedras que me resultaron familiares, igual que los acentos, que aunque eran nuevos me pareció reconocer. Cambié de aires, uno húmedo de mar y olor a sal por uno de tierra caliente, árido y polvoso.
Y cuando volví, ya era septiembre.
Feliz septiembre.
Para rematar ese mes extranjero conseguí irme lo suficientemente lejos como para sorprenderme con el paisaje. Allí me encontré con un poco de música, con un poco de poesía, con un poco de teatro. Y así pasé algunas horas, lejos de agosto. Conocí ruinas de piedras que me resultaron familiares, igual que los acentos, que aunque eran nuevos me pareció reconocer. Cambié de aires, uno húmedo de mar y olor a sal por uno de tierra caliente, árido y polvoso.
Y cuando volví, ya era septiembre.
Feliz septiembre.
domingo, 24 de agosto de 2008
Domingo
La semana que está por comenzar tiene la pinta de un domingo largo para mi. Es la última semana libre antes de volver al trabajo. Y escribo la palabra libre por no pensar en otra, pero libertad no es precisamente la sensación que tengo. Aunque supongo que ese es otro tema. ¿Y éste cuál era? Los domingos, supongo. ¿No es todo un poco más lento los domingos? Mi cerebro al menos lo parece. Así que me queda un domingo tan largo como una semana por delante y un cerebro a medio funcionar. Ahora veo el reloj y son las 23:59 del domingo, qué cosa. Así que está por terminar el domingo de verdad y empieza el largo domingo de mi ficción. 0:00
A los domingos, aunque se pasen en compañía, siempre se les puede encontrar un parecido con los recuerdos de la soledad. Claro que a veces se consiguen rutinas por las que resbala más fácilmente. Y a veces no. O sorpresas, también sirven las sorpresas.
Ya se sabe: si el mundo acaba un día será sin duda en domingo.
A los domingos, aunque se pasen en compañía, siempre se les puede encontrar un parecido con los recuerdos de la soledad. Claro que a veces se consiguen rutinas por las que resbala más fácilmente. Y a veces no. O sorpresas, también sirven las sorpresas.
Ya se sabe: si el mundo acaba un día será sin duda en domingo.
jueves, 21 de agosto de 2008
Jugar
Una vez, hace mucho, me sentí tan feliz que pensé que no me importaría morir en ese instante. Me resulta una extraña comunión por parte de mi mente. No sé si es la irredenta culpa católica que me obliga a esperar lo peor, especialmente si todo va bien. O si prefería morir para que nada opacara ese momento. Ni siquiera otro momento.
Me pongo los cascos, los audífonos. Escojo la canción. La repito y la repito. Me pasa a veces, que sólo me apetece escuchar una canción o un autor. Con los libros también me pasa a veces. Llevo cuatro o cinco al hilo del mismo escritor. No sé hasta cuándo seguiré con ellos, algunos no resisten el paso del tiempo a mi lado, pero no me importa.
No sé por qué no pensé aquella vez que ojalá el momento durara para siempre, sino en morir.
Ahora suena la música. Necesitaba que sonara alto en mis oídos y necesitaba sentir su fuerza brutal. Sin sutilezas. Sólo las canciones, las guitarras obvias, las letras impúdicas.
Hoy leí una poesía, un texto de deseo que desearía haber escrito yo. Que desearía haber engendrado yo. Escrita en un volúmen alto, contundente.
Hoy llovió poco y sin parar y el horizonte fue todo una nube gris, muy gris. Es agosto y llovía y el horizonte era gris. Y había viento. Y me acerqué al mar para sentir el viento en la cara. El viento en las velas.
Querer morir porque se es feliz me suena pervertido. Corromper el sentido de sentirse feliz.
Hoy me di cuenta de que hay un juego al que quiero jugar aunque es probable que pierda. Entonces me puse los cascos y puse una canción y me acordé de ese día en que quería morir por ser feliz. Y de la poesía y las canciones y la lluvia.
Me pongo los cascos, los audífonos. Escojo la canción. La repito y la repito. Me pasa a veces, que sólo me apetece escuchar una canción o un autor. Con los libros también me pasa a veces. Llevo cuatro o cinco al hilo del mismo escritor. No sé hasta cuándo seguiré con ellos, algunos no resisten el paso del tiempo a mi lado, pero no me importa.
No sé por qué no pensé aquella vez que ojalá el momento durara para siempre, sino en morir.
Ahora suena la música. Necesitaba que sonara alto en mis oídos y necesitaba sentir su fuerza brutal. Sin sutilezas. Sólo las canciones, las guitarras obvias, las letras impúdicas.
Hoy leí una poesía, un texto de deseo que desearía haber escrito yo. Que desearía haber engendrado yo. Escrita en un volúmen alto, contundente.
Hoy llovió poco y sin parar y el horizonte fue todo una nube gris, muy gris. Es agosto y llovía y el horizonte era gris. Y había viento. Y me acerqué al mar para sentir el viento en la cara. El viento en las velas.
Querer morir porque se es feliz me suena pervertido. Corromper el sentido de sentirse feliz.
Hoy me di cuenta de que hay un juego al que quiero jugar aunque es probable que pierda. Entonces me puse los cascos y puse una canción y me acordé de ese día en que quería morir por ser feliz. Y de la poesía y las canciones y la lluvia.
martes, 19 de agosto de 2008
Analfabeta
Hace unos cuantos años, mientras me tomaba un café, presencié algo que me sorprendió mucho. No había más clientes que yo y supongo que por eso aprovecharon para sentarse un momento la chica que atendía el lugar y una mujer mayor que salió de la cocina. Desplegaron algunas cosas sobre la mesa y empezaron su labor: la más joven enseñaba a la mayor a leer.
Imagino que en el fondo yo había creído que un analfabeta era como una visión mística, algo que aseguran que existe pero en lo que en realidad yo no creía. Me impresionó entender que esa mujer no sabía leer. Me resultó muy difícil pensar en la vida de alguien que no sabe leer. Leer libros, leer cartas, leer carteles en la calle. Me pareció incomprensible, tan alejado de mi.
Cada tanto me viene a la memoria aquella señora y con ella sus ganas, su afán, su tenacidad por aprender. Su paciencia para iniciar ese camino estando más cerca de la jubilación que de cualquier otro momento. Solía hacerme recordar las diferencias entre las cosas que a unos nos son dadas de manera fortuita y elemental y que para otros son conquistas y batallas muchas veces perdidas.
Pero hoy la visión era otra. Hoy, no sé muy bien por qué, me acordé de ella. Y en lugar de esa sensación de lejanía, de imposibilidad de comprensión, me sentí sencillamente ella. Me entendí analfabeta. Analfabeta de las palabras de otros, de sus decisiones, de los mensajes turbios y de los silencios descarados.
Ojalá yo también encontrara un poco de paciencia para aprender a descifrarlos.
P.D.M. Patience, de Micah P. Hinson.
Imagino que en el fondo yo había creído que un analfabeta era como una visión mística, algo que aseguran que existe pero en lo que en realidad yo no creía. Me impresionó entender que esa mujer no sabía leer. Me resultó muy difícil pensar en la vida de alguien que no sabe leer. Leer libros, leer cartas, leer carteles en la calle. Me pareció incomprensible, tan alejado de mi.
Cada tanto me viene a la memoria aquella señora y con ella sus ganas, su afán, su tenacidad por aprender. Su paciencia para iniciar ese camino estando más cerca de la jubilación que de cualquier otro momento. Solía hacerme recordar las diferencias entre las cosas que a unos nos son dadas de manera fortuita y elemental y que para otros son conquistas y batallas muchas veces perdidas.
Pero hoy la visión era otra. Hoy, no sé muy bien por qué, me acordé de ella. Y en lugar de esa sensación de lejanía, de imposibilidad de comprensión, me sentí sencillamente ella. Me entendí analfabeta. Analfabeta de las palabras de otros, de sus decisiones, de los mensajes turbios y de los silencios descarados.
Ojalá yo también encontrara un poco de paciencia para aprender a descifrarlos.
P.D.M. Patience, de Micah P. Hinson.
domingo, 17 de agosto de 2008
Mensaje en una botella
No sé si la gente sigue mandando mensajes en una botella. O si alguna vez realmente se hacían esas cosas. La idea me parece como poco, curiosa. ¿A quién va dirigido un mensaje en una botella? Supongo que en esas circunstancias la opción más razonable es decir que lo que importa es que el mensaje sea recibido, por quien sea. Osea, que no importa quién sea el destinatario, sino que llegue el mensaje. Me imagino algo tipo Estoy en una isla desierta ¿querrías rescatarme?.
O quizá es justamente lo contrario, quizá un mensaje en una botella nace siempre para ser leído por alguien, por alguien en particular. Y quien lo escribe sabe que tiene todas las probabilidades en contra de que el mensaje llegue a las manos correctas. Pero aún así tiene que hacerlo, tiene que mandar el mensaje y esperar. Esperar y esperar. Y esperar es fastidioso, qué duda cabe, pero al menos sucede algo, porque esperar también es suceder aunque parezca que no. Porque si el mensaje no es mandado y no hay lugar para esperar es todo tan aburridamente calmo y rancio.
Así que supongo que los optimistas y los románticos siguen mandando mensajes encapsulados en mares nuevos esperando que sean recibidos, que sean encontrados.
Así, disimuladamente, en cualquier lugar: Estoy en una isla desierta ¿querrías rescatarme?.
O quizá es justamente lo contrario, quizá un mensaje en una botella nace siempre para ser leído por alguien, por alguien en particular. Y quien lo escribe sabe que tiene todas las probabilidades en contra de que el mensaje llegue a las manos correctas. Pero aún así tiene que hacerlo, tiene que mandar el mensaje y esperar. Esperar y esperar. Y esperar es fastidioso, qué duda cabe, pero al menos sucede algo, porque esperar también es suceder aunque parezca que no. Porque si el mensaje no es mandado y no hay lugar para esperar es todo tan aburridamente calmo y rancio.
Así que supongo que los optimistas y los románticos siguen mandando mensajes encapsulados en mares nuevos esperando que sean recibidos, que sean encontrados.
Así, disimuladamente, en cualquier lugar: Estoy en una isla desierta ¿querrías rescatarme?.
sábado, 16 de agosto de 2008
Bico nos beizos
Vivo en Galicia, un país con lengua propia y legalmente cooficial con la lengua española. Escucho cotidianamente ambos idiomas y me gusta, me gusta esa posibilidad. Yo hablo poco en gallego y escribo mucho menos, me coarta la conciencia clara de mis deficiencias. Pero lo entiendo y escucho naturalmente y también lo leo. El libro que terminé de leer hace un par de días estaba escrito en gallego y también lo está el que estoy leyendo ahora. Y me gusta. Hay historias que siento que sólo pueden ser contadas en gallego, que deberían al menos nacer sólo en este idioma.
En gallego hay palabras que parecen poesías en sí mismas. Palabras delicadas y apetitosas que me gusta pronunciar y me parece que me guiñan un ojo cada vez que me las encuentro. Como beizos (labios), bico (beso), bágoa (lágrima). También me gustan xeito, seica, abraiar y daquela, porque no encuentro en castellano ninguna palabra que abarque y signifique lo mismo. Las hay, cada una tiene su traducción y significado, pero para mí todo su sentido está en gallego y así las uso aunque esté hablando en castellano.
Leí que elegían la palabra más bonita de la lengua española y en distintas listas resultaron ser amor, dios, amistad. No sé, a mi me gusta ironía.
A saber por qué.
Daquela vouche dar un bico nos beizos que vas quedar abraiado.
En gallego hay palabras que parecen poesías en sí mismas. Palabras delicadas y apetitosas que me gusta pronunciar y me parece que me guiñan un ojo cada vez que me las encuentro. Como beizos (labios), bico (beso), bágoa (lágrima). También me gustan xeito, seica, abraiar y daquela, porque no encuentro en castellano ninguna palabra que abarque y signifique lo mismo. Las hay, cada una tiene su traducción y significado, pero para mí todo su sentido está en gallego y así las uso aunque esté hablando en castellano.
Leí que elegían la palabra más bonita de la lengua española y en distintas listas resultaron ser amor, dios, amistad. No sé, a mi me gusta ironía.
A saber por qué.
Daquela vouche dar un bico nos beizos que vas quedar abraiado.
jueves, 14 de agosto de 2008
Folio en blanco
Mucha gente que escribe tiene miedo al folio en blanco. A mí me enseñaron que no hay miedo más fácil de superar: se necesita sólo escribir algo en él. Luego puede gustarte o no, puedes volver y corregir lo que has escrito, o borrarlo o romperlo, puede tener o no sentido, pero el folio ya no está en blanco.
Un folio en blanco es seguramente una metáfora recurrida sobre la vida, lo que queda por escribir/vivir, las posibilidades. Aunque es mucho más fácil, por supuesto, arrugar con desesperación y tirar a la papelera un folio cuando las cosas no salen como se esperaba.
Un folio en blanco es como un regalo sin abrir, como soñé hace unos días que me daba un amigo escritor. En el sueño me decía No lo abras ahora y no lo abrí. Pero luego desperté y me entró la duda de qué sería ese regalo. Puede ser lo que yo quiera, supongo, como un folio en blanco. No tiene reglas que seguir ni a quién responder, sólo tengo que inventarlo yo. Era mi sueño. Yo creé esa historia, me la quise contar y la recordé al despertar aunque no sepa qué me quiero decir. Podría ser muchas cosas y quizás es muchas cosas. Sólo hay que imaginarlas, hay que contarlas. Descubrirlas, revelarlas, creer en ellas. Están por escribirse. Como todo lo demás.
Un folio en blanco es seguramente una metáfora recurrida sobre la vida, lo que queda por escribir/vivir, las posibilidades. Aunque es mucho más fácil, por supuesto, arrugar con desesperación y tirar a la papelera un folio cuando las cosas no salen como se esperaba.
Un folio en blanco es como un regalo sin abrir, como soñé hace unos días que me daba un amigo escritor. En el sueño me decía No lo abras ahora y no lo abrí. Pero luego desperté y me entró la duda de qué sería ese regalo. Puede ser lo que yo quiera, supongo, como un folio en blanco. No tiene reglas que seguir ni a quién responder, sólo tengo que inventarlo yo. Era mi sueño. Yo creé esa historia, me la quise contar y la recordé al despertar aunque no sepa qué me quiero decir. Podría ser muchas cosas y quizás es muchas cosas. Sólo hay que imaginarlas, hay que contarlas. Descubrirlas, revelarlas, creer en ellas. Están por escribirse. Como todo lo demás.
domingo, 10 de agosto de 2008
Distorsión
Tengo la impresión de mirar el mundo como a través de un cristal distorsionado. Cada tanto se limpia o quizá se enfoca por un momento y logro echar una ojeada al mundo real. O eso creo. Pero normalmente miro sin remedio la vida con todas las increíbles distorsiones que me proporcionan mis deseos, mis miedos, mis prejuicios. Y es verdad que cuando tengo ese instante de contacto supuestamente genuino caigo de golpe en obviedades que he negado durante tiempo, se desploman las fachadas que con paciencia y mimo hemos construido mi habitual ceguera y yo. Y eso que es una mirada tan corta que apenas me da tiempo de intuir algo. Y no sé qué es peor, si entender que me miento constantemente, que construyo mi propia realidad y me aferro a ella o entender que no hay realidad, que no hay algo que conocer, que entender. Que es todo suposición y posibilidades. Lo peor es olvidarlo, olvidar que miro sin cesar a través de esa distorsión.
Y es que parece tan real.
Y es que parece tan real.
jueves, 7 de agosto de 2008
De noche
La noche parece el momento más adecuado para cumplir con los arrebatos rezagados. Para asumir riesgos y dar el salto después de tomar vuelo. Se aplaza el sueño en busca de prodigios y se agudiza la ilusión porque se disparan los deseos. En cada palabra se puede encontrar un indicio y en cada movimiento intuir un tropiezo. El aire parece más nítido aunque falte el sol y la vida parece más real sólo porque se presienten las promesas a punto de cumplir.
A veces la noche se toma la revancha y se pone a caminar por sí misma, sin preguntar, sin anunciarse. Y no hay manera de detenerla porque no hay armas contra su caradura, contra su honestidad despreocupada, contra su llaneza y obviedad. Y no le importan nuestros planes ni nuestros miedos. No se detiene si en su camino rompe unos y compone los otros.
Y nos da una bofetada tal que no podemos evitar ver si quiera de reojo lo que somos en realidad. Lo solos que estamos y que queremos estar. Lo hartos, lo confusos que nos encontramos. Lo crueles, lo egoístas que somos.
De día y de noche.
A veces la noche se toma la revancha y se pone a caminar por sí misma, sin preguntar, sin anunciarse. Y no hay manera de detenerla porque no hay armas contra su caradura, contra su honestidad despreocupada, contra su llaneza y obviedad. Y no le importan nuestros planes ni nuestros miedos. No se detiene si en su camino rompe unos y compone los otros.
Y nos da una bofetada tal que no podemos evitar ver si quiera de reojo lo que somos en realidad. Lo solos que estamos y que queremos estar. Lo hartos, lo confusos que nos encontramos. Lo crueles, lo egoístas que somos.
De día y de noche.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Cansancio
Hay un poema de Pablo Neruda que comienza diciendo Sucede que me canso de ser hombre. Cuenta que se cansa de sus pies, de sus uñas, de su pelo y de su sombra. Que no quiere seguir absorbiendo y pensando, y que pasea con ojos, con zapatos, con furia, con olvido. Que el lunes arde como el petróleo y que la ropa colgada en algunos patios llora lentas lágrimas sucias.
Resulta vano proponerse definir con palabras propias lo que otras ajenas parecen decir puntualmente. Describir el cansancio sutil y arraigadísimo de un cuerpo que no da abasto para seguir al alma, trotando sin alivio. El hartazgo que supura de los planes reventados, el hastío que emana el caos al intentar ordenarlo, la resaca continua que deja el intento de reinventar las esperanzas.
El cansancio vespertino renacido del cansancio nocturno.
Cansancio de todo. De ser hombre, de ser un hombre en particular, de ser uno. Cansancio de tanto cansancio.
Resulta vano proponerse definir con palabras propias lo que otras ajenas parecen decir puntualmente. Describir el cansancio sutil y arraigadísimo de un cuerpo que no da abasto para seguir al alma, trotando sin alivio. El hartazgo que supura de los planes reventados, el hastío que emana el caos al intentar ordenarlo, la resaca continua que deja el intento de reinventar las esperanzas.
El cansancio vespertino renacido del cansancio nocturno.
Cansancio de todo. De ser hombre, de ser un hombre en particular, de ser uno. Cansancio de tanto cansancio.
martes, 5 de agosto de 2008
Dolor
En algún lugar leí que cuando se sienten varios dolores al mismo tiempo el cuerpo selecciona uno y omite el resto. A mi me da la impresión de que lo mismo vale para el dolor del alma (que cursi suena). Me da la impresión de que se pueden inventar o procurar dolores para olvidar un dolor primordial. Me da la impresión de que el ardid funciona y que distrae con toda eficacia. Me da la impresión de que quizás la ficción no dura mucho porque a la mente nada le cuesta menos que dejarse a sí misma en evidencia. Me da la impresión de que en el camino se dejan buenos momentos, buenas personas, buenos recuerdos. Me da la impresión de que encima no es nada fácil de explicar.
El dolor es lo que tiene: no respeta, no espera, no se detiene. Se retuerce agitando todo lo que tiene a su alcance hasta que sale por donde puede.
Y al salir no parece estar más calmo, no parece mejorar. Aunque supongo que es preferible que salga por donde pueda y como pueda, a que se quede dentro camuflado y escondido, envenenándonos sin siquiera dar aviso.
Pero sólo lo supongo, no sé, me da la impresión.
El dolor es lo que tiene: no respeta, no espera, no se detiene. Se retuerce agitando todo lo que tiene a su alcance hasta que sale por donde puede.
Y al salir no parece estar más calmo, no parece mejorar. Aunque supongo que es preferible que salga por donde pueda y como pueda, a que se quede dentro camuflado y escondido, envenenándonos sin siquiera dar aviso.
Pero sólo lo supongo, no sé, me da la impresión.
domingo, 3 de agosto de 2008
Llamadas, correos electrónicos, abrazos.
Si se puede esperar una grata sorpresa de alguien es de un amigo. Cuando digo sorpresa pienso en el regalo de pasar un buen rato, en una palabra de consuelo. Pienso en el milagro de un comentario brillante en el momento preciso, de la intuición equilibrista de cuándo preguntar y cuándo esperar a que tú saques ciertos temas o la solidaridad de recordar una anécdota inútil y antigua, pero tuya. Los amigos son anclas cuando uno siente que va a la deriva, son alas cuando uno siente que ha olvidado cómo despegar y son una mano tendida cuando sientes que se ha desquebrajado el suelo bajo tus pies.
Cada uno hace con su vida lo que puede y ya se sabe, nacemos solos y solos hemos de morir, pero ya lo dijo un poeta inglés: Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo. Entre lo poco que creo que en verdad necesitamos están los amigos. Y es que solos no podemos; ahí están ellos para recordarnos lo que somos, lo que hemos sido, lo que solíamos querer ser.
Con frecuencia me ufano de tener amigos en puntos diversos y distantes del mundo. Me sigo ufanando de que sean mis amigos, pero quisiera tenerlos todos juntitos aquí en mi calle, de ser posible, aunque fuera un par de días. Y es cierto que las palabras, las memorias, las dudas, las convicciones, los reproches soterrados, las confesiones y hasta las promesas, al compartirse disminuyen las distancias. Y también supongo que nada puede sustituir un abrazo. Pero se puede intentar.
Y a veces, hasta parece que funciona.
Cada uno hace con su vida lo que puede y ya se sabe, nacemos solos y solos hemos de morir, pero ya lo dijo un poeta inglés: Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo. Entre lo poco que creo que en verdad necesitamos están los amigos. Y es que solos no podemos; ahí están ellos para recordarnos lo que somos, lo que hemos sido, lo que solíamos querer ser.
Con frecuencia me ufano de tener amigos en puntos diversos y distantes del mundo. Me sigo ufanando de que sean mis amigos, pero quisiera tenerlos todos juntitos aquí en mi calle, de ser posible, aunque fuera un par de días. Y es cierto que las palabras, las memorias, las dudas, las convicciones, los reproches soterrados, las confesiones y hasta las promesas, al compartirse disminuyen las distancias. Y también supongo que nada puede sustituir un abrazo. Pero se puede intentar.
Y a veces, hasta parece que funciona.
lunes, 28 de julio de 2008
Escarabajos rodantes
Acabo de enterarme a través de su blog A Canción do Náufrago II que mi profesor Francisco Castro es un afanoso beatlemaníaco. Curiosamente lo leía mientras escuchaba un vídeo de los Rolling Stones, que hoy me apetecía escucharlos ya que volví a casa con una canción suya en la cabeza. Y pensaba que, al menos en algún tiempo, en algún momento, esa era una disyuntiva que había que resolver ¿de los Beatles o de los Rolling?
Yo, se supone, soy más de los Rolling (o de los Stones, que ese es otro debate), aunque creo que ahora, en la adultez supuesta en la que vivo, ya no tengo que decidir.
Luego, al ver realmente el vídeo que sólo estaba escuchando me di cuenta de que al final de la canción asoman los Beatles aplaudiendo entre el público. Primero creí que había visto mal, que a fin de cuentas la miopía es lo que tiene y con esas pintas todos parecen iguales. Pero al final final, la última imagen, es inconfundible. Y maravillosa. Es John Lennon aplaudiendo a los Rolling Stones. Y no cualquier canción, sino justamente la que yo cantaba hoy mientras iba por la calle. Esa que dice que no siempre puedes tener lo que quieres, pero que si lo intentas lo suficiente a veces puedes obtener lo que necesitas.
Y después de ver como John se cuela en mi canción, en mi vídeo, empiezo a pensar que puede ser cierto.
P.D.M. You can´t always get what you want, de los Rolling Stones.
Yo, se supone, soy más de los Rolling (o de los Stones, que ese es otro debate), aunque creo que ahora, en la adultez supuesta en la que vivo, ya no tengo que decidir.
Luego, al ver realmente el vídeo que sólo estaba escuchando me di cuenta de que al final de la canción asoman los Beatles aplaudiendo entre el público. Primero creí que había visto mal, que a fin de cuentas la miopía es lo que tiene y con esas pintas todos parecen iguales. Pero al final final, la última imagen, es inconfundible. Y maravillosa. Es John Lennon aplaudiendo a los Rolling Stones. Y no cualquier canción, sino justamente la que yo cantaba hoy mientras iba por la calle. Esa que dice que no siempre puedes tener lo que quieres, pero que si lo intentas lo suficiente a veces puedes obtener lo que necesitas.
Y después de ver como John se cuela en mi canción, en mi vídeo, empiezo a pensar que puede ser cierto.
P.D.M. You can´t always get what you want, de los Rolling Stones.
domingo, 27 de julio de 2008
Fuegos artificiales
Yo no sé en otros parajes, pero en Galicia es acercarse el verano y comienza un no parar de fiestas. Cada ciudad, cada pueblo festeja a sus patrones, santos, vírgenes, cualquier pretexto es bueno. Y con cada fiesta llegan las ferias, las verbenas y los fuegos artificiales. El punto climático es el foleón nocturno, donde el prestigio y la importancia de la localidad (del presupuesto, vamos) se mide en luces y formas de colores en el cielo. Siempre me gustaron los fuegos artificiales, a pesar de su curioso nombre o quizá por eso mismo. De artificio. Un poquito de pólvora, un poquito de esto, un poquito de lo otro y bum. El cielo hecho colores, la obscuridad postergada, la noche convertida en fiesta.
Hay de muchos tipos, incluso hay algunos que me recuerdan a lo que imagino que sería un bombardeo. Que me dan casi miedo, vamos. Y tampoco me gustan mucho las tracas, que son atracones sonoros. No, a mi me gusta el artificio más obvio: el cielo iluminándose, las chispas cayendo, las varas encendidas subiendo al cielo para estallar en montones de pizcas, como una patada en la arena.
Los fuegos están ahí, cada año, cada fiesta, cada pueblo, vuelven. No todo el artificio es efímero ni pernicioso. De artificio estamos hechos, artificio somos todos. Y algunos tan bueno que a veces el tiempo parece alargarse hasta que vuelven a aparecer. Ahí, en el cielo.
Hay de muchos tipos, incluso hay algunos que me recuerdan a lo que imagino que sería un bombardeo. Que me dan casi miedo, vamos. Y tampoco me gustan mucho las tracas, que son atracones sonoros. No, a mi me gusta el artificio más obvio: el cielo iluminándose, las chispas cayendo, las varas encendidas subiendo al cielo para estallar en montones de pizcas, como una patada en la arena.
Los fuegos están ahí, cada año, cada fiesta, cada pueblo, vuelven. No todo el artificio es efímero ni pernicioso. De artificio estamos hechos, artificio somos todos. Y algunos tan bueno que a veces el tiempo parece alargarse hasta que vuelven a aparecer. Ahí, en el cielo.
viernes, 25 de julio de 2008
Los despojos
Dicen que los sueños son deseos reprimidos, pero eso es difícil de entender para nosotros los simples mortales que soñamos las cosas que menos nos esperamos. No voy a relatar el sueño del que me acabo de despertar porque es de lo último que quiero hablar. Pero sí diré que Jung dijo que algunos sueños exponen deseos o miedos cumplidos...pero hay otros tipos de sueño: pueden ser verdades implacables, sentencias filosóficas, ilusiones, fantasías desenfrenadas, recuerdos, planes, anticipaciones...
En mi sueño miraba atónita cómo las cosas pretendían ser como antes. Ni siquiera como antes, que eran algo, sino como ahora son: despojos, restos del antes, del algo que intentaban instalarse como si nada en el ahora. Como cuando se sueña con un muerto. Cuando yo sueño con alguien que quiero y ha muerto, aunque me guste verlo nunca me olvido del todo de que ha muerto. De que algo no está bien, que algo no encaja. Eso sentía yo en el sueño, que las cosas no encajaban.
No es fácil decirlo pero muchas cosas en el sueño me gustaban. Algunas costumbres que recuperaba, algunas sensaciones. Pero también es cierto que yo no pensaba que todo eso era imposible, sino que yo ya no lo deseaba. Y aunque disfrutaba algunas cosas no dejaba de pensar ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué intenta colarse de nuevo en mi vida? Ya no viene al caso, ya no tiene sentido.
Justamente eso. En el sueño me despertaba y buscaba a mis amigas para contárselo y les decía Sé que parece una locura, pero en el sueño todo tenía sentido. Así que en sueños intentaba convencerme de que mis sueños tenían sentido aunque cuando los soñaba creía que no. Vaya. Pues no, ahora me he despertado realmente (o eso creo, qué le vamos a hacer) y las cosas no tenían ningún sentido. Lo que ya no sé es si sigo hablando de lo mismo.
P.D.M. Dream, de los Everly Brothers.
En mi sueño miraba atónita cómo las cosas pretendían ser como antes. Ni siquiera como antes, que eran algo, sino como ahora son: despojos, restos del antes, del algo que intentaban instalarse como si nada en el ahora. Como cuando se sueña con un muerto. Cuando yo sueño con alguien que quiero y ha muerto, aunque me guste verlo nunca me olvido del todo de que ha muerto. De que algo no está bien, que algo no encaja. Eso sentía yo en el sueño, que las cosas no encajaban.
No es fácil decirlo pero muchas cosas en el sueño me gustaban. Algunas costumbres que recuperaba, algunas sensaciones. Pero también es cierto que yo no pensaba que todo eso era imposible, sino que yo ya no lo deseaba. Y aunque disfrutaba algunas cosas no dejaba de pensar ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué intenta colarse de nuevo en mi vida? Ya no viene al caso, ya no tiene sentido.
Justamente eso. En el sueño me despertaba y buscaba a mis amigas para contárselo y les decía Sé que parece una locura, pero en el sueño todo tenía sentido. Así que en sueños intentaba convencerme de que mis sueños tenían sentido aunque cuando los soñaba creía que no. Vaya. Pues no, ahora me he despertado realmente (o eso creo, qué le vamos a hacer) y las cosas no tenían ningún sentido. Lo que ya no sé es si sigo hablando de lo mismo.
P.D.M. Dream, de los Everly Brothers.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
