miércoles, 25 de febrero de 2009

Arenas movedizas

Es un día normal y soleado. Nada parece demasiado distinto al día anterior. O al otro o al otro. Pero hoy un escalofrío recorrió tu espalda. Recordaste que te mueves siempre sobre arenas movedizas. Tienes que olvidarlo, porque no puedes vivir caminando sobre esa conciencia. Tienes que olvidarlo para que el día a día se hilvane con alguna coherencia entre el murmullo cotidiano. Pero a veces se aparece y el escalofrío recorre tu espalda. Los fantasmas que escondes en el estante más inaccesible, entre las páginas del libro que nunca abres, en el bolsillo de aquella chaqueta que ya no usas, se presentan de pronto sin saber cómo y se afirman a tus hombros.
Sabes entonces que hoy en cada esquina los encontrarás agazapados esperando cruzarse contigo. Que te mirarán a los ojos listos para burlarse de tu ingenuidad. De repente reconoces que siempre están ahí, entiendes que siempre te acompañan. Hoy no consigues recordar cómo son todos esos días en que no se manifiestan.
Cada historia postergada, cada miedo primigenio, cada sueño y cada deseo, cada ausencia y cada cicatriz supuran toda su miseria desde el fondo de tu memoria y tú tiemblas al notarlo.
Sabes que tienes que soportarlo. Sabes que en el fondo has aprendido. Sabes que puedes hacerlo.
Sabes que mañana será otro día.

lunes, 23 de febrero de 2009

Ensoñación

Lo miraba cada día en la parada de autobús. Cada día que coincidían. Le alegraba las mañanas y ocupaba su mente en esos tiempos muertos del transporte. Él seguía en su asiento cuando ella se bajaba, no tenían el mismo destino. Pero a ella no le importaba porque él se quedaba en su mente, listo para saltar a sus fantasías cada vez que era requerido. Las primeras veces fantaseaba sólamente con que sus miradas se cruzaban. Pero cada día se recreaba más y ahora tenía un amplio repertorio de historias sobre las que volvía cada vez con más detalle, con más delicia. En una de ellas, se encontraban en medio de la ciudad. Él la saludaba, le decía que la reconocía pero no sabía de donde. Ella le ocultaba que compartían autobús y así charlaban un poco más. Al final quedaban para tomar un café al día siguiente (que siempre era un sábado muy soleado de primavera). Cuando él llegaba reconocía entre risas que no se habían presentado el día anterior y le decía su nombre. Jose. Ella lo repetía: Jose. Me gusta le decía. Según el tono de la fantasía el nombre era repetido entre risas, entre suspiros, entre jadeos. Jose, Jose, Jose.
Hoy era un jueves soleado de primavera. Lo vio en la parada de autobús y sonrió. Al sentarse dentro ya empezaba a decidirse por alguna ensoñación cuando él se sentó a su lado. Y le sonrió. Ella le sonrió también mientras se preguntaba si estaría sonrojada. Bonito día, le dijo él. Si, bonito, dijo ella. Él volvió a hablar: Pillas mucho este bus ¿no? Te veo a menudo. Me llamo Ignacio, por cierto, pero me llaman Nacho. La miró a los ojos fijamente, esperando sin duda su respuesta, la mitad que faltaba, escuchar el nombre de ella ahora.
Ella le sonrió y le respondió.
¿Te importa si te llamo Jose?

jueves, 19 de febrero de 2009

Y cien

No tiene la menor importancia. Así decía un personaje de alguna serie televisiva de la infancia que no consigo recordar. No tiene la menor importancia que esta sea la entrada número cien de mi blog. No tiene la menor importancia, pues los números no signican nada, o no mucho. Pero a mí me hace ilusión. Será que no pierdo oportunidad para un festejo.
¿Que qué festejo? Para empezar seguir aquí. Aquí en la red y aquí en este viejo sofá y aquí en esta hermosa ciudad y aquí, así, en general.
Festejo estar en contacto con vosotros, mis amables paseantes, muchos de los cuales teneis blogs que me alimentan y me inspiran. Con palabras que hago mías, que me hacen pensar una y otra vez en los asuntos mas diversos y salir de mis esquemas para entrar a otras miradas, refrescantes siempre.
Festejo cada comentario que he recibido, la amabilidad que teneis en tomarse la molestia de decirme algo. Festejo los comentarios que me hacen ir más allá, que le dan una o más vueltas a lo dicho, los que han hecho que me sonroje, los que me dan ánimos, los que me mandan besos, abrazos y saludos. Festejo los mensajes de los amigos que conozco, los de los que conozco a través de este mundo bloguero, los de los que no conozco y hasta los crípticos que ni siquiera consigo descifrar si conozco o no.
Festejo cada vez que me he sentado aquí y escribí llena de dolor, o llena de desesperación, o llena de rabia, o llena de esperanza, o llena de paz, o llena de ganas. O llena de nada y a medias de todo.
Festejo tener ganas de festejar y hacerlo con vosotros. Muchas gracias.
De hoxe en un ano.

martes, 17 de febrero de 2009

Un beso

Leo la noticia de que en la ciudad donde me crié se ha batido un récord. No es que eso me interese particularmente. Pero era de besos colectivos. Y los besos, ay, los besos, eso sí que me interesa.
Busco besos en canciones: Tus besos eran mi faro; bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez; fingiré que estoy besando los labios que estoy extrañando; báilame a través de las cortinas donde nuestros besos se han desgastado; el veneno que me das en cada beso...
Antes de leer la noticia iba a escribir aquí una historia. Una de un beso. Me pregunto si alguno de los cerca de cuarenta mil besos que batieron el récord será como ése. Un beso casi casi inesperado que difumina el mundo. Un beso con todas las ansias y ninguna prisa.
Un beso que no promete nada más que ese mismo instante.
Perdónenme el cinismo, pero quiero aclarar que no hablo de amor. Sólo de besos. De un beso. Y ya sé que los besos, como casi todo, son mejores si hay amor. Pero quiero reivindicar el poder del beso más allá del amor, por sí mismo. Un arrebato de intimidad, de entrega, de cercanía. Una invitación y una confesión.
Ay, los besos. O mejor dicho, ay, un beso.
Será la primavera.

lunes, 16 de febrero de 2009

Primavera

Abro las ventanas. Encuentro afuera, en el mundo, en aire cálido (sólo en comparación con los que lo han precedido) y mucha luz. Y un olor. Un olor que no es sólo la promesa del mar o la noticia de las flores. Es algo más. Es un olor dulce y fresco. Puro y contundente.

Pasa una vez al año. Hay un día en que al abrir la ventana huelo la primavera. No importa si hace frío o no, no importa si van a volver los temporales. Serán sólo accidentes, casualidades.

Cada quien conforma sus propios ritos, sus propias liturgias. Algunas se anclan en un día especial del calendario. Casi todas lo hacen. Pero no ésta. A ésta el tiempo no la domina. Le gusta la sorpresa. Llega sin aviso, cuando quiere. Llega simplemente cuando tiene que llegar.

Pero llega. Siempre llega. Antes o después. Y ya no se va.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Desvanecimientos

Un virus me ha dejado fuera de combate los últimos días. Cuando se fueron los síntomas más molestos, se apoderó de mí una debilidad muy parecida a una pereza muy extrema. Aproveché el deseo de no salir de cama (la lluvia perenne puede que haya influido en ese estado) para leer. También vi cosas interesantes en la tele. Así conocí a Terence Nunn.
Terence es un fotógrafo inglés que retrata cosas en desaparición. Tiene una página en internet que titula Pictures of a Vanishing World. Aunque to vanish se traduce como desaparecer yo lo entiendo en este caso más como desvanecerse, así, poco a poco. El señor Nunn toma fotografías de lo que se está perdiendo. Aún está ahí, pero ya se está yendo. Ruinas de la guerra, edificios anacrónicos y ruinosos en el moderno Londres, carteles publicitarios de productos que ya no existen, estructuras irreconocibles y otras imágenes que por mil razones están condenadas a desaparecer. Cosas que están en el mundo en un estado intermedio. Se desvanecen. Un estado intermedio palpable, reconocible en los ladrillos rotos, los cristales estropeados, la pintura desconchada, la decoración anticuada.
Glorias no tan remotas, cotidianeidades obsoletas, cultos, sueños, vidas pasadas de moda.
No cabe duda que todo pasa y todo queda.
Pero lo nuestro es pasar.

lunes, 2 de febrero de 2009

Una semana perfecta

Una semana normal. Normal para ella. Ahora se pasa el sábado y el domingo trabajando. Cosas de la crisis. Es domingo por la noche y se fuma un cigarrillo. Casi por casualidad suena una canción que dice que todo irá bien. Ella piensa: Todo va bien.
Una semana como cualquier otra. O como ninguna. Tuvo un rato para pasar con sus sobrinos, que siempre la ponen de buen humor. Pagó la factura del gimnasio. Vio a gente que hace tiempo no veía y le dio gusto ver. Pasó un rato con sus amigos hablando de todo y de nada. Salió con dignidad de un pequeño aprieto en el que la puso una gran casualidad. Alguien le mandó un mensaje al teléfono que le hizo sonreír. Mientras subía apresurada por una cuesta, unos adolescentes que pasaban a toda velocidad en coche le gritaron ¡Vamos guapa! y la hicieron reír a carcajadas. Recibió una llamada de las que hacen ilusión. Se dio un baño relajante, aunque se le olvidó poner música. Empezó un nuevo libro.
Una semana normal.
Ahora es domingo por la noche y se sienta en el salón a fumar un cigarrillo y pensar en todo esto.
Una semana normal. Una semana perfecta.

miércoles, 28 de enero de 2009

Vieja amiga

La cosa es así. Tengo una cuenta de correo a la que no puedo acceder. Dice que he cambiado mi contraseña. Me piden mis datos y mi "pregunta secreta" pero dicen que no son correctos los que yo tecleo. Pues bien, me puse a buscar en mis otras cuentas antiguos correos de la inaccesible para ver si me ofrecían alguna pista.
Y lo que encontré fue una carta de amor que envié y guardé. Es vieja (en más de un sentido) y un poco cursi. Pero me ha gustado leerla porque he descubierto cosas que había olvidado, deseos y afanes que me ha regocijado recuperar.
Resumiendo, viene a decir algo como esto:
Estoy callada y tu esperas en silencio, pero sé bien que hoy no voy a decir nada, pues si algo sé es lo que no quiero y lo que no quiero es encontrar esa palabra. Esa que sepa decirlo todo, que tras de ella no haya más para contarnos, la que nos toque y nos defina. Así, sin ella, yo podré seguir intentando explicarte lo que tus ojos me han contado.

Sobre mi cuenta de correo, ni una pista. Pero alguna otra sí me dio. Me reconocí. No en los sentimientos, ya caducos, pero sí en las ansias, la avidez, las ambiciones. Los apetitos, la pujanza, las audacias. Son míos. Lo eran entonces y lo son ahora. Soberanos, diseccionados del contexto, del momento, del objeto. Soy yo, son mis fuerzas y mis bríos. Porque sigo, sigo teniendo claro que no quiero nunca encontrar esa palabra que lo diga todo. Y no hablo -sólo- de amor. Quiero seguir buscando y buscando. Eso es lo que recupero, lo que he sido y sigo siendo. Búsqueda. Ganas.
A pesar de lo que sea y aunque no siempre sea fácil.
Perdónenme el arranque de intimidad, pero es como volver a ver a una vieja amiga.

lunes, 26 de enero de 2009

Fulanita somos todos

Ya sé que el mundo es como es, que está lleno de prejuicios, que no vamos a cambiarlo... Pero a veces escucho lo que dice la tele (a menudo la uso de ruido de fondo) y pienso que, simplemente modificando la manera en que se dicen algunas cosas, algo podría variar.
Me parece que, entre la gente que produce los medios, casi nadie piensa dos veces lo que se dice y que de esta forma se contribuye a mantener los convencionalismos menos inteligentes de nuestra sociedad. Sólo cuando un tema se convierte en un gran tema, los medios se ven obligados a cambiar los discursos, para quedar bien o ser correctos.
Pero en los temas de a pie, en lo cotidiano, no se guarda ningún respeto por la gente.
Un ejemplo: odio la frase Fulanita ha rehecho su vida.
Porque Fulanita ha tenido una ruptura amorosa, quizá la hemos visto devastada en los medios y ahora la vemos sonriente con su nueva pareja. Probablemente no sea para tanto, pero yo no puedo evitar pensar, cada vez que lo escucho, que se deja muy claro el mensaje de que mientras Fulanita no vuelva a tener pareja conocida (estable, formal y estupenda), Fulanita sencillamente no tiene una vida. Su vida se ha deshecho a la par que su última relación y por más que Fulanita haya ido a trabajar cada día, haya salido a bailar salsa los sábados con sus amigos, haya dado largos paseos por la playa, lograra hacer el viaje de sus sueños, se haya dedicado tiempo a sí misma, incluso, para seguir la línea, se haya zumbado (con perdón) al maromo más apuesto de su barrio, Fulanita, la desamparada Fulanita, no habrá rehecho su vida hasta que no la pillen de la mano de un hombre (a ser posible rico y algo mayor que ella) saliendo de un restaurante caro un viernes por la noche.
Entonces, si Fulanita no ha rehecho su vida hasta ese momento ¿que demonios ha hecho todo este tiempo?
No sé, a mi me parece que somos mucho, mucho más estrechos de mente de lo que nos creemos.

Mi nombre

Escucho los susurros. Las voces se entremezclan tan suave, tan dulcemente, que se confunden. No consigo entender lo que dicen. Lo que me dicen. Pero no importa. El susurro me acuna. Es como la canción que nace de mi cuerpo. El tic tac acompasado de mi corazón latiendo fuerte y lento. Apoyo mi cabeza en esa música. Los ojos cerrados. Las noches abiertas. En la punta de mis dedos siento frío, y un calor intenso que desprende mi vientre. Respiro. Respiro automáticamente. Y cada respiración me va llevando a un estado de relajación aún más profundo.
Podría inventar un nombre, no tiene ninguna dificultad. Podría imaginar un objeto, un ser preciso, perfecto, imperfecto, recordar uno real, componer uno deseado. Pero hoy no quiero fingir, no quiero mentir aunque tenga licencia para ello. Hoy no hay nombres. Sólo hay uno, el mío. Mi nombre y la música de mi cuerpo. Íntima, mía.
Mi nombre y mi búsqueda incesante. En los tropiezos sangrantes y en las pérdidas devastadoras. Mi nombre, sólo, mi nombre. En las euforias traicioneras y en las ilusiones fundadas. En la historia que voy narrando cada día.
Sólo mi nombre. Hoy, sólo mi nombre.

viernes, 23 de enero de 2009

De memoria

Madrugada. Veo la televisión. Aparece Punset (no hay manera de saber cuándo se emite Redes, pero cuando aparece, se queda en mi pantalla). Habla con alguien acerca de la memoria. Un programa de, no sé ¿media hora? y sólo recuerdo un par de cosas...
Uno: que nuestra memoria es mala y poco fiable para los detalles. Los relega, los transforma. Pero es muy precisa para el sentido general. Esto es que sobre un hecho específico más vale no confiar en los pormenores, pero no olvidaremos lo que hayamos aprendido de esa vivencia particular, la esencia, la importancia.
Dos: que recordar es reinventar. La memoria no es como un archivo de donde se saca un documento que se relee, sino que cada vez que volvemos a un recuerdo, nuestro cerebro lo rehace. Junta algunos datos de aquí y de allá como si tuviera un guión y cada vez hiciera una película distinta.
Hasta aquí lo que recuerdo.
Después de escribir lo anterior he ido a la página web de Redes y he vuelto a ver el programa. Lo primero que descubro (o redescubro) es que Punset se ha cortado el pelo ¿cómo pude olvidarlo? Me impactó mucho la imagen el otro día, tanto que incluso me pregunté si estaría enfermo el buen hombre (el cambio es dramático) y sin embargo lo olvidé por completo. (Aludo al punto Uno)
Segundo, los recuerdos a menudo están distorsionados e influenciados por nuestros sentimientos y creencias actuales. Así, se distorsiona el pasado para adecuarlo a lo que se cree. Nuestras creencias se acaban reforzando y se vuelven más fuertes. (¿Aludo al punto Dos?)
Hasta aquí, lo que había olvidado.
Ah... y tercero (casi se me olvida), una de las funciones más importantes de la memoria es nada menos que olvidar.
Así pues, concluye Punset, la memoria no sólo sirve para recordar el pasado sino que con ella diseñamos el futuro.
Visto lo visto, yo me abstengo de concluir.

domingo, 18 de enero de 2009

Fantasías

Cuando todo está por decidirse, la vida se teje cada día, penosa o festivamente, entrelazando sus hilos sin un patrón establecido. La vida aunque parezca sólida no es más que una sucesión de huecos, de vacíos, de quizás. De posibles, de argumentos que se escriben a palabras jalonadas, de finales y comienzos que se suceden y se solapan. Que se confunden y se entremezclan. Así como la música es la combinación de sonidos y silencios, la vida es la combinación de los sueños y las vigilias, de las muertes y los partos, las idas y las vueltas.
Entre los nudos de las certezas asoman sin piedad las fantasías. Se cuelan sin permiso y a los gritos. Inclementes, insumisas, insistentes.
Decía Ray Loriga en un artículo titulado Desamor: La soledad regala amantes disparatados.
No todos dan besos dulces, no todos cumplen sus promesas, no todos son bienvenidos, no todos quedarán atesorados en el recuerdo.
Pero nos quedan las fantasías.

martes, 13 de enero de 2009

Mi mar y mi banco de madera

Como le contaba a alguien, hoy me fui a dar una vuelta para ver el mar. Mi mar, que no es más que los derroteros agónicos de una ría. Llegué para ver un atardecer sin sol (no como el de las postales) pero aún luminoso y apagándose. Lo vi desde mi banco, uno de madera desde el que tengo el agua a mis pies, un gran puente cruzando el panorama y verde verde verde gallego de fondo. Algo de ese verde tapa oportunamente la visión de la fábrica de papel, que sólo adivino por el humo que a veces emana. Con un mínimo esfuerzo imagino que es una nube rara.
El banco es mío, lo decidí unilateralmente hace un tiempo. La gente me mira raro cuando me siento en mi banco sin hacer nada. Si tengo el móvil o un libro en la mano, nadie se percata de mi. Pero debe estar mal visto que me siente ahí y sólo mire al mar.
En verano visité mucho a mi banco y descubrí que, aunque parezca mentira, el mar lava un poco las penas.
Pero hace meses que no iba allí. Sin embargo el banco sigue donde estaba. Yo no. Y las penas tampoco están en el mismo sitio.


P.D.M. Tenía una difusa y blanda intención de no repetir autores en mis enlaces musicales, pero supongo que el destino de esas intenciones es ser doblegadas. Repito, pues, grupo: La Canción del Soldado, de Le Punk. (Espero que la mala calidad de la imagen y sonido se compense con la de la música y la letra).

lunes, 12 de enero de 2009

No me acuerdo

Me duelen los ojos y los sueños.
Me doy cuenta de que a menudo me creo más lista, más simpática, más guapa y más interesante de lo que soy. Y otras me siento mucho menos lista, simpática, guapa e interesante de lo que quizá pueda llegar a ser.
Me duelen los días y los meses.
Me informan sobre un concurso literario de cartas de amor. Me pregunto si se pueden escribir cartas de amor sin estar enamorado. Me respondo que un escritor tendría que poder. Si puede escribir sobre la muerte o sobre la suerte sin conocerla, por qué no del amor. Pero no sé si quiero inventarlo.
Me duelen las arrugas y las sonrisas.
A veces las sorpresas no resultan tan gratas como había creído. Y las decepciones tampoco alcanzan la magnitud esperada. Y no sé qué es más triste.
Me duelen los puntos y las comas.
¿Qué es lo contrario a me duele? ¿Me gusta, me place, disfruto?
No me acuerdo.

jueves, 8 de enero de 2009

Café

En un descanso de mi ajetreado día de hoy (y por una vez no es ironía) me tomé un café. Cogí para leer en la barra una revista que publicaba una entrevista al pintor Antonio López. En un momento le preguntaron si tenía momentos de crisis. Sí. Los supero tomando un poco de café y aguantándome. Hay que acostumbrarse a esos momentos de desaliento; si no, abandonarías a los hijos, a la mujer, el trabajo, tu país... Hay que tener paciencia. (www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=38757&id_edicion=3787)
No pude evitar releerla y releerla. Y transcribirla en una servilleta. De esas, cutres, de bar, que en mi experiencia son más útiles para escribir en ellas que para limpiar la grasa.
Mientras, me tomaba un poco de café.

lunes, 5 de enero de 2009

Palabras del año que pasó

Las palabras sirven para muchas cosas. Para comunicarse y para confundir, en principio. Ahora que ha pasado la euforia del año nuevo (al menos para mí) me puse a pensar en las palabras que recuerdo que me han dicho el año pasado.
Algunas me confortaron, otras me halagaron. Algunas hicieron que algo perdurara en el tiempo y otras murieron al ser pronunciadas. Unas me hicieron sonreír y otras soñar. Agradezco las palabras dichas. Estas son algunas.
Voy ahora (y en diez minutos estaba en mi casa)
Siento que hayas tenido que pasar por eso (y me dio un abrazo que borró todas las heridas durante un minuto)
Buu (y salió de detrás de la puerta)
Y puedes creerme, esto no se lo digo a cualquiera (y me miró a los ojos)
Tu dolor me ha dolido más que el mío (y se hizo un silencio al teléfono)
¿Quieres tomar algo? (y aún no comprendo por qué dije que no)
Te llamo un día de estos (y sigo esperando)
Vamos a dar un paseo (y soportó todos mis silencios)

Para que luego digan que a las palabras se las lleva el viento.

domingo, 4 de enero de 2009

Escribir

Quería escribir una carta a los reyes magos. Bastante trillado pero facilón. Pero no me salió ni eso. No quería dejar en blanco esta página un día más, pero no sabía que decir. Quería escribir porque es el único lugar donde existen los milagros. Quería escribir porque a pesar de lo que diga el calendario, las noches se están haciendo cada vez más largas y delgadas. Quería escribir porque me he olvidado de las respuestas que ya había encontrado. Quería escribir para inventarte. Quería escribir palabras con sabor a chocolate. Quería escribir los sonidos que explotan cuando amanece. Quería escribir sobre tu piel suave mi corto nombre para que no lo olvides. Quería escribir una historia de humos y músicas y besos para olvidarme de todo. Quería escribir una mentira que aliviara el miedo.
Pero hoy no podrá ser. Hoy, de nuevo, no podrá ser.

jueves, 1 de enero de 2009

Fe

Sospecho que en el fondo siempre he sido una mujer de fe. Aunque desde luego nunca me he sentido cómoda en las fes tradicionales. A principios de 2008 invoqué al dios romano Jano porque tenía entendido que entre sus dones estaba el de convertir un principio difícil en un final mejor. Un año después me entero que no. Jano es un dios de dos caras, una que mira hacia adelante y otra hacia atrás. Es el dios de los comienzos y los finales, el dios de los cambios y de los momentos en los que se traspasa el umbral que separa el pasado y el futuro. Su protección, por tanto, se extiende hacia aquellos que desean variar el orden de las cosas. (Wikipedia dixit). Enero estaba consagrado a él y se le invocaba públicamente el primer día de ese mes. También se le invocaba, por cierto, al iniciar una guerra.
Mucho más complejo, mucho más completo que un simple final feliz.
Así que un año después y con mayor convicción, queda aquí hecha mi invocación pública al dios Jano, en las primeras horas del primer día del primer mes de este nuevo año. Permíteme mirar al futuro sin olvidar el pasado y traspasar con fortuna el umbral, a donde sea que me lleve.

martes, 30 de diciembre de 2008

El barrilito

Llevamos semanas (¿o ya son meses?) hablando y escuchando sobre la crisis. Ojo, que yo crecí en Latinoamérica y de crisis sé un rato. Pero esta es, por lo visto, la crisis. Antes de éste había otro tema, igual de apocalíptico, igual de incomprensible, igual de determinante: el petróleo. Yo creo que de alguna manera nos vacían la cabeza cuando deciden pasar de un tema al otro. Porque no es normal que ya nadie lo mencione, no se hablaba de otra cosa. Cada día nos informaban del precio del barril como hoy nos informan del IBEX y de la inflación.
A principios de año el precio del barril superó el límite histórico de los 100 dólares y para junio, se pagaba a 140. Hoy en día vale 40 (¿alguien quiere uno por Reyes?).
Y en verdad, en verdad sólo tengo una pregunta: ¿por qué?
Pero periféricamente tengo más: ¿por qué nadie habla de ello en los telediarios? ¿por qué todo lo que subió de precio porque subía el petroleo no ha bajado en la misma proporción? ¿quién pone el precio, en base a qué, es algo real o de nuevo mera especulación? ¿por qué todos los grandes temas que por lo visto determinan la economía del mundo parecen tan frágiles, tan inaprensibles, tan irreales?
Sé que alguien se prestaría a explicar cada factor y motivo que han llevado al barrilito de los 140 a los 40 en seis meses, como en una dieta exprés. Y también sé que aunque lo entendiera (cosa improbable) no le creería, porque todo parece funcionar dentro de un mecanismo podrido donde el último imbécil de la fila (el que paga cada mes la luz, el agua, el gas, el alquiler, la hipoteca, el colegio de los niños, la letra del coche, la barra de pan y las cigalas de año nuevo) es al que siempre le toca pagar la peor parte sin otro consuelo que cagarse en todo.
Y eso que somos el primer mundo.
Yo me voy a permitir suscribir a Fernando Fernán Gómez y sólo diré una cosa: ¡A la mierda!
Y feliz año nuevo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Otra noche

Las sonrisas estaban por todos lados. Así son los sábados por la noche en los bares con música y alcohol y deseos y música. Se encontraron, más bien porque los dos lo habían provocado, pero tan veladamente que pudieron fingir que era una sorpresa. Hablaron de sus cosas. Tanto tiempo, cómo estás y esos detalles. Hablaron y hablaron, los amigos se fueron separando, las palabras llegaban y se atropellaban entre las risas y las miradas. En una de las pocas pausas en las que fingían sólo beber de sus vasos pensó que no recordaba cuándo había sido la última vez que había hablado así con alguien. La comodidad, la complicidad, el cariño. Pero faltaba algo. Algo que no iba a llegar, no esa noche. Alguien le esperaba en otro sitio. Cuando se lo dijo, sonrió y mintió: Me da mucho gusto por ti. Y exageró la sonrisa para que borrara los rastros de lo que sentía en realidad. Pero sabe que nada borra la decepción cuando se asoma en los ojos. Y en el fondo espera que se note. Que lo note. Y la despedida: Estás muy guapo, tú estás preciosa, nos llamamos, hay que vernos más. Más sonrisas. Otras miradas, otras sonrisas. Otra noche.