lunes, 29 de junio de 2009

Aniversario

En uno de mis blogs favoritos se exponía hace poco la Teoría del depósito de lágrimas. El autor nos explica que su depósito se va llenando internamente con cada suceso llorable y cuando llega al tope, no importa la calidad del suceso que toque en suerte, se desborda.
Yo le explicaba que carezco de depósito de lágrimas alguno, ya que brotan a la mínima provocación. Pero sé que tengo, al menos, un depósito de algo.

No me es fácil hablar de esto. Es un tema que suele generar incomodidad en la gente, no sé si porque se identifican y no les gusta o porque no se reconocen en absoluto y no son capaces de darle crédito.

Hace un tiempo, una amiga bloguera, si me permite llamarla así, hablaba en una entrada de la relación con su madre. Le regaló a ésta un canario naranja que pareció simbolizar un nuevo vehículo para redescubrirse. Me voy a permitir citar la última frase:
"Ésta mañana mi madre me ha llamado por teléfono, hemos hablado mucho, casi una hora.
Se escuchaba cantar al fondo a un pequeño canario naranja".

Llevo toda mi vida buscando ese canario naranja. Nunca me ha sido fácil explicar lo que me pasa con esa relación. No hay gritos, no hay insultos. Es todo tan sutil.
Precisamente por eso pienso en el depósito: cada pequeño gesto de la decepción que le supongo, lo llena un poquito; cada vez que sé que no puedo contarle algo, lo llena un poquito; cada palabra que insinúa la eterna desaprobación que merezco, lo llena un poquito. Hasta que el depósito se desborda y no puedo dejar de sentir esta profunda, primigenia e infantil tristeza.

Hace tanto que intento regalarte un canario naranja, una y otra vez. Y una y otra vez me quedo sin oír su canto. A veces me has ignorado, a veces me has humillado por intentarlo.

Perdóname, pero ya no tengo ganas de intentarlo. Yo te quiero, y claro, tú a mí. Pero necesito desaprender todo lo que me enseñaste: que el mundo es siempre hostil, que no hay nada seguro, que no soy capaz, que me voy a arrepentir, que no me lo merezco, que tengo que ser distinta a lo que soy para que me apruebes. Que todo es condicional. Que reír no es bueno. Que solo las putas fuman y disfrutan de la vida.

Yo te quiero, pero cuando mi depósito se desborda, siento que mi mundo, que tanto me cuesta mantener en su precario equilibrio, se desgaja. Sé que siempre le faltará al menos una pieza al rompecabezas de mi vida. Y creo que necesito seguir construyéndolo reconociendo ese ineludible hueco, y dejar de seguir intentando encajar piezas que no caben, y deforman, y hacen saltar, y descolocan el resto.

Hoy hace treinta y cuatro años que nos conocimos. Hoy me llamaste para felicitarme. Y sonabas tan triste. Tan triste.

Supongo que yo también.

lunes, 22 de junio de 2009

Ya se me pasará

Sensación
(Del lat. sensatĭo, -ōnis).
1.
f. Impresión que las cosas producen por medio de los sentidos.
2.
f. Efecto de sorpresa, generalmente agradable, producido por algo en un grupo de personas.
3.
f. Corazonada o presentimiento de que algo va a suceder.

Sentimiento

1.
m. Acción y efecto de sentir o sentirse.
2.
m. Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.
3.
m. Estado del ánimo afligido por un suceso triste o doloroso.

Nunca deja de sorprenderme lo que soy capaz de sentir. No solo me sorprende que sea capaz de sentir ciertas cosas en ciertos momentos por ciertas personas o circunstancias. Me sorprende la complejidad y aparente incoherencia de muchos de esos sentimientos y sensaciones.

Hace meses cité en una entrada a Pablo Neruda ya que, aunque la poesía no es mi fuerte ni Neruda mi favorito, describía mejor de lo que yo podía lo que sentía.

He vencido la tentación de hacer lo mismo ahora con una canción de Pau Donés. Una entrada sólo con su video y a la mierda. Pero es que, sin ofender, me parece como bajar un escalón -cuando menos- después de Neruda. No puedo hacerlo, al menos sin aclarar la extraña atracción que parte de su música ejerce sobre mí, a pesar de mi resistencia a ello. Toma post data musical.

A lo mejor tendría que haberla colgado con la entrada de ayer en lugar de hacerlo hoy en una entrada sin sentido y que no sabe explicar lo que siente.

Bueno, aguantad un segundito, que voy a intentarlo: Es como si me hubiera tragado un lingote de oro que se quedó en el pecho. Está ahí, ni sube ni baja, no me deja respirar bien y por las noches pesa más. Me recuerda que me merezco todas y cada una de las mierdas que tengo encima. La mitad me las busqué y a la otra mitad no hice nada para detenerla. Me pregunto por qué no soy capaz de definir con precisión lo que me hace sentir así. Lo veo ahí, como una maraña nebulosa, pero no lo puedo diseccionar. No con palabras. Es como si te pincharan con un alfiler. Un pinchazo no duele mucho. Puedes aguantar otro y otro (favor de imaginárselos al mismo tiempo). Puedes resistir un rato, pero, chico, llega un punto en que te jode viva. Y entre tanta tontería, cada vez que miro el correo se me encoge el corazón y se me ensancha el lingote. Y leo sus cuatro palabras y se me encoge el corazón y se me ensancha el lingote. Y yo no sabía que iba a sentir eso por leer cuatro palabras. Y tampoco sé si siento eso por tener un lingote atragantado o si esas cuatro palabras son una causa más en la maraña nebulosa, para tener un lingote.

Intento fallido. Tendría que haber colgado sólo el video y a la mierda.

P.D.M. Duerme conmigo, de Pau Donés.

Cielo azul

Es de noche. A las 22:53 cruzaba la puerta de mi casa y aún era un poquito de día. Un azul encendido en el cielo negándose a caer, como regalo en el día más largo del año. Hay días raros. Hay días que a los diez minutos sabes que serán raros. Pero hay días raros que no avisan.

Me gusta poder llorar sin estar profundamente triste.

Sí, hoy llegó el verano. Lo olí a través de una ventanilla de autobús.

La noche más corta no es menos oscura. Y huele a una especie de hierba seca recién cortada y mojada. Suave y fresco, casi dulce.

Un ataque de soledad. Si es que eso existe, es lo que tengo. He abierto las ventanas y cerrado las puertas y he puesto música para que me acompañe y me reitere.
Hay varias, muchas explicaciones, todas verdaderas y ninguna real.

Hace unos días me encontré unos ojos desconocidos. Desconocidos e insistentes. Y yo solo quería mirarlos, mirarlos sin pausas. Sí, fue esa noche en que me di cuenta de que no sé ligar. Me di cuenta porque los dejé ir. Da igual, esos ojos seguramente no tendrían nada que ver con lo que yo imaginé-deseé-intuí de esos ojos.

Se supone que el amor te ayuda a conocerte. Se supone que el amor hace la vida más dulce. Se supone. Yo me creo todas las cosas, sobre todo las que no escribo.

Estoy moderadamente cerca de donde quiero estar. Estoy razonablemente sobre mis pies. Con la brutal avalancha de mis miedos sobre la cabeza, siempre a la espera del ruido necesario para caer.

Abro las ventanas, cierro las puertas y estoy sola. Sola por todos los costados. Los más pueriles y los más sutiles.

Me siento un poco culpable por tener ganas de enamorarme. Como si me fallara a mí misma, como si cayera en un antiguo vicio ya superado. Solo el miedo está a la altura del deseo.

Alguna vez me enamoré y se difuminaron todas mis preocupaciones. Alguna vez me enamoré y me convertí en valiente. Alguna vez me enamoré y el mundo fue mío. Ya no quiero nada de eso. Solo quiero poder mostrarme y poder conocer. Quiero poder confiar y poder desear. Poder arriesgar. Y tener un hombro en el que recargar la cabeza y me ayude un instante, solo un instante a cargar el peso. Y no, no creo que lo necesite. Pero sí, me gustaría. Como un helado de chocolate, justo como un helado de chocolate.

La verdad es que ni siquiera puedo imaginarlo. Quizá sea el miedo, quizá la culpa, o quizá la canción que suena ahora. Quizá sea que pienso que no debería sentirlo o al menos decirlo.

Quizá sea la noche más corta del año.

martes, 16 de junio de 2009

Ni vacaciones ni ligues ni leches

Yo quería escribir una entrada sobre mi triste y viejo ordenador que me ha dejado una semana fuera de servicio.
Quería escribir una entrada contando que ya veremos lo que sale, pero me pinta un verano delicioso por delante gracias a planes, viajes, playas y amigos.
Iba a contar cómo el sábado por la noche me di cuenta a mis treinta y pocos años de que no sé ligar.

Entré en Internet para leer los muchos correos acumulados, para concretar fechas de mi verano, buscar información que necesito, localizar transportes varios, para recrearme en las muchas entradas nuevas de los blogs que sigo.

Los blogs que sigo. Los he contado. Son veintiseis, más un par que no he colgado aun ahí, a la derecha de estas letras, bajo el título Blogs que yo leo. Si no hiciera de esta una entrada aún más aburrida, iría uno por uno explicando por qué los leo y por qué me importan. Con cuáles me siento brutalmente identificada, a cuáles admiro con secreto fanatismo, quiénes me parecen genios, cuáles son mis favoritos.

Escribiría una entrada sobre todo esto, pero ya no. En el blog de Susi me entero de que murió el firmante de otro blog que sigo, Ángel. Supongo que debo decir seguía, un blog que seguía.

Llevo varios minutos pensando qué escribir en esta línea. No lo sé. No voy a hablar del blog de Ángel ni de él mismo. Ni de su perro Xoco. Ni de las extrañas relaciones que se tejen, difusas pero reales, en estas redes.

Hace muchos años, incluso antes de que Internet tuviera el interés que tiene para mí hoy en día, ya decía y sigo diciendo que hay amigos para todo. Yo tengo amigos a quienes no les cuento intimidades, amigos a quienes no veo a menudo, amigos con los que no querría salir de farra. No todos tienen que ser los amigos ideales, aunque hay quien se acerca. Tiene formas muy amplias la amistad y no me importa abusar de ellas. No hay especies de amistad, para mí son amistades, diferentes, curiosas, especiales. Pero de una manera u otra, son. Y sí, siento cariño por gente que no conozco en persona, y me emociono al saber que, por ejemplo, un nuevo y viejo amigo bloguero está enamorado y feliz. No pretendo sobrevalorar un muerto, ni decir de él lo que en vida no fue. Pero creo que se murió un amigo.

Tiendo al drama, así que entiendo si esto resulta exagerado. La verdad es que me ha impactado saber que Ángel ha muerto y siento algo que quizá se llame desazón.

Espero que alguien cuide de Xoco.

Yo, por mi parte, sigo sin creerlo. No es solo por Ángel, es por la muerte. Como de costumbre, solo la evidencia de la ausencia cotidiana me hará caer en la cuenta.

Se ha muerto un bloguero. Es mi primer muerto bloguero. Y eso, creedme, me ha puesto los pelos de punta. Y ni siquiera voy a explicar por qué.

jueves, 4 de junio de 2009

Normal

Lo malo de llevar más de una semana sin entrada es que ahora siento que debo escribir algo que valga la pena -muy alejado a mis costumbres-. Pero esperar a que llegue esa lucidez podría devenir en el cierre de este blog. Total que, como tantas veces, confieso que no sé qué escribir. Si acaso os cuento que soñé que tenía un hijo -un parto sencillo y sin dolor, gracias por preguntar- y cuando iba a ver su cara, era un bolígrafo. Sí, un bolígrafo. Y respiraba. No tenía padre. Yo intentaba recordar pero nadie me venía a la mente.

Estoy acostumbrada a ir a mi aire y hacer lo que me dé la gana con mi tiempo. Ciertos eventos me lo han impedido en los últimos días, y creo que esa es la razón por la que no he escrito. La cabeza dando vueltas y las costumbres alteradas han sido suficientes. Si es que mi equilibrio es siempre frágil.

Esos eventos están cargados de historias rancias que cada tanto reclaman vigencia, irresolubles e inesquivables. Cada vez que hacen presencia me quitan el sueño, me rebosan el mal humor, me recuerdan mis peores y más antiguos miedos. No así esta vez. Son solo un pequeño inconveniente al que intento no dar demasiada importancia. Por ahora. Ya tendré tiempo de desquiciarme.

Yo quiero estar bien. Tengo todo mi empeño puesto en encargarme de mí misma y no estoy dispuesta a que cualquier evento me arranque de mi vida. Porque he tenido ya suficientes años de vida sin raíces y demasiados días en que lo único que me sentía capaz de hacer era respirar y suponer que llegaría otro día. Sé que es muy cool estar fuera de lugar, que la tristeza profunda parece generar inspiración, que una vida tortuosa da mucha sustancia al currículo. Pero yo quiero estar bien.

Veo que la gente vive con toda la naturalidad y no sé si es porque lo tienen todo muy claro o porque no se detienen a pensar en nada. A mi casi todo me cuesta al menos un poco. Y dudo constantemente de asuntos en los que quizá no debería reparar y creo que se me olvida dudar de asuntos en los que más me valdría. Y estoy llena de vicios y de ausencias. Y me replanteo todo el tiempo cuál es el equilibrio entre valorar lo que tengo sin ser conformista e ir en busca de algo sin amargarme. Y cómo lo voy a contar aquí si ni siquiera en mi cabeza tiene un sentido.

Pero todo esto es mi puto reino. Mi reino de vulnerable normalidad pleno de cuentas pendientes y glorias cotidianas.

Normal, normal. Por primera vez en mil años me siento normal.
Y me gusta.

lunes, 25 de mayo de 2009

Alegría de vivir

J es un compañero de trabajo. Solemos tomar café con otros compañeros antes de retomar las labores y a veces también comemos juntos. A algunos de esos otros compañeros J no les cae bien. Yo escucho lo que dicen de él: es muy exagerado, habla por hablar, es superficial. Pero a mí no me molesta. J me parece divertido y buena persona. Para mí eso es mucho. Y como sé que todos tenemos defectos y mierda encima, no me importan demasiado los suyos. El sábado me invitó a comer a casa de una amiga. La amiga no estaba, usamos la casa como un comedero; generalmente lo hacemos en un parque. Pues sería por la intimidad del recinto o porque no nos perdíamos en la pequeña multitud que solemos ser o porque le dio la gana, pero hablamos mucho. Habló él. De su vida. Pero sobre todo hablamos de su enfermedad. Ya nos había contado que tiene un tumor en el cerebro. No le pueden operar por el recoveco donde se encuentra. No es maligno, pero crecerá y afectará funciones vitales. Ya le afecta. J podría tirarse a toda la ciudad en una noche, pero no quiere una relación. Sabe que quien esté al lado suyo sufrirá. Sabe que va a morir mucho antes de lo esperable. Y cuento todo esto sin sensiblería, como me lo contó él. Es su vida y punto. Tiene dos trabajos, una hipoteca que pagar, cargas familiares. Intenta ahorrar para pagar una posible atención médica en el futuro y tiene preparado un coctel farmacéutico para hacer uso de él en caso de que se reduzcan drásticamente sus probabilidades de valerse por sí mismo.
Hay muchos casos así, los hay peores, la vida es como es. J no es estúpido, cuenta todo esto sin lágrimas y sin risas. No quiere conmoverte, solo te cuenta su vida como tú le contarías la tuya.
Cuando volvimos al trabajo por la tarde yo pensaba: Es imposible no sacar una lección de esto, es imposible no preguntarse qué he aprendido.

Por la noche llamé a un amigo y quedé con él para tomar algo. Me calcé una estupenda y divertidísima borrachera, como hace tiempo que no hacía. Y hacía tiempo que lo necesitaba.
Ayer me pareció un buen día para hacerlo.

P.D.M. Alegría de vivir, de Ray Heredia

viernes, 22 de mayo de 2009

Todo el tiempo del mundo

Se despertó y recordó su sueño. Soñó con él. Ya no lo quiere, pero hay tantas cuentas pendientes que el inconsciente no se da por rendido. Soñó una vez más que él le pedía que volvieran a estar juntos. Empezó a soñar esto cuando dejó de quererlo. Supone que cuando el caos era más evidente ni siquiera sus sueños se atrevían a jugarle esa mala pasada. Ha habido de todo. Veces en que lloraba de emoción, veces en que algo no le cuadraba, veces en que sopesaba los pros y contras. Esta noche le dijo que no le parecía buena idea, porque ella nunca podría confiar en él. Y que sus amigos le caían mal. Y que además de todo lo bueno que él podía tener y por lo cuál un día ella se enamoró (además de las fantasías de las que también se enamoró) también podía ser muy cruel y despiadado, un irresponsable en el peor sentido de la palabra y un egoísta en un sentido que hay más allá del peor. Le dijo que no. Le dijo que ella ya no quería estar con él, aunque extrañaba ese sentimiento. Sí que lo extrañaba, sí. Ese deseo de estar con alguien, ese ardor en las venas, ese brillo en el mundo. Le dijo que no y pensó que de todas formas él no la reconocería, que ya no era la misma, que había pasado tiempo y sobre todo, cosas.

Hay mañanas de viernes que parecen madrugadas de sábado. Largas, duras y silenciosas. A solas, siempre a solas. No hay planes, no hay juergas. Los capítulos no se terminan, no se pasa de hoja y los círculos no se cierran. Sólo acumula colillas y remordimientos.

Hoy ella bailó en la ducha. No solo cantó, también bailó. Pero no de alegría, bailó porque sonaba una cumbia y hacía mucho tiempo que no escuchaba ninguna. Y bailó mal, claro, que es la manera en que ella baila.

Se enamoró unas quince veces en lo que va de año. Está enganchada al brillo de los colores que sólo nota cuando tiene ganas de ser de alguien más. Se enamora de las palabras y de las intuiciones. Se enamora de las promesas que sólo ella hace y de las posibilidades. Se enamora sólo un rato y luego sigue caminando.

Pero está un poco harta de las promesas y de las posibilidades. De los sueños y de los remordimientos. Está harta de estar asustada y de que parezca que el mundo la arrastra. Cree que podrá hacer algo con todo esto, ahora, que el fuego se ha apagado. Cree que podrá pero sabe que necesita tiempo, mucho tiempo. Todo el tiempo del mundo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Horóscopo

Los miércoles compro una revista. No, no es de corazón (esas no las pago, se las robo a mi hermana). Y al final de sus páginas, como no, viene el Horóscopo. Por si hace falta diré que no creo que la conjunción de astros determine mi vida. De hecho no creo que nada determine mi vida (a no ser yo misma, cosa que también dudo) ni en el destino ni nada que se le parezca. Pero lo leo. Me hace gracia cuando aciertan algo y entonces me propongo leer todos los signos para comprobar que en todos adivinarían en algo. Pero me da tanta pereza.
Un día, hace no mucho, me aseguraba que, digamos, un tauro, daría señales de vida. Yo me reí, porque precisamente si quería saber de alguien era de un tauro. Y bueno, que sí, que antes de terminar la semana llamó un tauro. Para lo que sirvió... pero esa es otra historia.
El caso es que esta semana dice: Te pasan por la cabeza mil ideas, a cada cual más rocambolesca. No le tengas miedo a la vida. Una contractura inoportuna te incordiará durante toda la semana. Tu trabajo es un obstáculo para tu vida privada. ¿Qué esperas de esa persona? Deja de darle vueltas y este miércoles pídelo abiertamente. Verás que vas a conseguirlo inmediatamente.

Mil ideas, vale. ¿Miedo a la vida? Pues sí, sí, a veces sí, pero no esta semana más que cualquier otra. Algo parecido a una contractura sí que tengo. ¿Mi trabajo un obstáculo para mi vida privada? Hombre, trabajar los fines de semana es lo que tiene.
Por lo demás, no tengo idea de quien es esa persona. ¿Cómo puedo saber qué espero de ella si no sé quién es? No me dan ni una pista, no sé, su signo o una inicial. Lo que más me fastidia es que se me está agotando el miércoles. Sólo me quedan un par de horas. Y yo estoy perdiendo mi oportunidad de conseguir inmediatamente algo que no sé qué es con alguien que desconozco. Todo por no pedírselo abiertamente. Los minutos pasan. ¿Y si me invento algo? ¿Y si me focalizo en alguien? ¿Y si...?

Ahora es cuando llegan las ideas rocambolescas...

viernes, 15 de mayo de 2009

No he sido yo

Parece ser que ibas caminando por la calle cuando te cagó una paloma en la cabeza. Lo siento, querido, pero esta vez no he tenido nada que ver.

Cuantan que al abrir una puerta te cayó un balde de agua helada encima. Yo no fui.

Te han echado del trabajo, por inútil y tonto. No ha sido mi culpa.

Se ha roto tu estúpida colección de botellas de cerveza. Yo no he estado por ahí.

Sé que te encanta pensar que todo lo que te pasa tiene que ver conmigo, querido, pero yo hace tiempo que te he olvidado.

Por lo visto alguien entró a tu casa y ha robado tu ropa. Soy inocente.

Dicen que tus amigos se han dado cuenta de tu insulsez y ya no te llaman. No sé nada de eso.

Quizá deberías revisar la cuenta de personas a las que también has mentido, engañado, traicionado, herido, maltratado...

En todo caso, querido, no he sido yo.
Lo cual no quiere decir que no me haga gracia.

jueves, 14 de mayo de 2009

Por si alguien necesita motivos

Si algo me gusta es conocer sitios nuevos. Pero además, me gusta volver. Cuando una ciudad, un paraje, dejan de ser extraños y los haces tuyos, a tu manera. Cuando regresas y encuentras algo que no conocías. Cuando vuelves y todo sigue en su sitio.
Hoy volví a Santiago de Compostela. Es un magnífico lugar para ir. Y el mejor para volver.
Por si alguien necesita motivos, aquí van.

Sus calles


Sus bares


Su gente


Su increíble belleza


Y siempre te puedes encontrar alguna bloguera despistada

lunes, 11 de mayo de 2009

Hoy llueve

Hoy llueve. En menos de dos meses me iré de mi trabajo, el de "entre semana". He empezado a llevarme mis cosas. Algunas a casa, la mayoría, a la basura. Sé que lo mejor es que termine este trabajo lleno de tratos falsos y precarios. Y creí que no me importaría. Pero me importa.
Hoy el mundo despertó en blanco y negro. Soy cobarde. Supongo que encontraré algo mejor. O algo peor pero distinto. A lo tonto llevo aquí casi cuatro años. A lo tonto entre estas paredes han pasado cosas. A lo tonto voy a tirar a la basura cajas de cartón llenas de horas mías.
Hoy tuve un sueño que me hizo llorar. Creí que no me importaría irme. A menudo creo que no tengo apego a las cosas. Pero un día, sin saber a dónde ir, vine aquí, fuera de horario y me derrumbé y grité en el suelo frío sin poder soportar que lo que entendía como mi vida se había ido.
Aquí vi amanecer otro día y pensé que quizá había esperanza, que quizá todo era posible, que quizá yo también podía sanar. Y aquí volvimos otra noche a rememorarlo.
Aquí me creí las mentiras más obscenas que alguien se atrevió a decirme. Aquí comí durante semanas chocolate a media tarde, esforzándome por ingerir algo cuando mi cuerpo suplicaba por esfumarse.
Aquí alguien de mi sangre me acompañó y sostuvo cuando el alma se me volvió inválida.
Aquí, un día, me enfadé muchísimo. Y luego me di cuenta que hacía meses que estaba tan triste que no me enfadaba. Y entonces sonreí.
Aquí me han pasado y pesado los meses y sus días y yo miraba las estaciones por la ventana.
Y por la ventana vi al sol y a las tormentas, y los tejados brillantes de mi ciudad. Y fumé los mejores pecados de mi existencia. Y escuché a Aretha Franklin un día y lloré sin saber por qué.
Como hoy.
Hoy llueve. Hoy tuve un sueño que me hizo llorar.
Hoy el mundo despertó en blanco y negro.

P.D.M. Te doy una canción, de Silvio Rodríguez.

Esta entrada no habla de amor

Esta entrada no habla de amor. Habla de lo otro. No de lo contrario al amor, que sería o bien el desamor, o bien el odio. Cada uno que elija la que prefiera. En todo caso el antónimo está sujeto a debate. No seré yo quien lo inicie. No en esta entrada, porque su tema es otro. Su tema es esa otra cosa. Esa que no es amor. Porque, a pesar de lo que indiquen los libros, las telenovelas, la publicidad y los cánones sociales, señores, no todo es amor. Quiero decir, no todo lo que se siente cuando se siente algo es amor. Y tampoco es necesariamente algo así como la antesala del amor, ni el deseo del amor, ni las ganas de amor. No es tampoco una posibilidad, ni un principio, ni un mini-amor. No, no, no. Algunas cosas no son amor, no lo serán, ni quieren serlo. Ni podrían aunque quisieran. Pero claro, del amor hablan todos. De esa otra cosa, que no es amistad, ni cariño, ni amor, de esa nadie habla. Será porque no se puede explicar. Será porque se parece demasiado a todo sin decidirse a ser nada. Será que no es nada. No sé lo que es, lo único que sé es que, desde luego, no es amor. Tras esta introducción, la entrada:
¿Por qué coño se me paraliza el corazón cuando te veo?

miércoles, 6 de mayo de 2009

París

¿Te acuerdas cuando fuimos a París? Ese hotel tan pequeñito y extraño que encontré, el canal Saint-Martin a unos pasos, la lluvia que no daba tregua... Hoy soñé con esos días. Todo era exactamente igual, solo que no estabas tú.
París era solo mío. Caminé por la calle de la frutería y volví a perder el rumbo en esa rotonda absurda. Me caló el chaparrón al salir del metro y me harté de hacer filas para entrar a los sitios. Almorcé lo más barato de la carta en aquella cafetería un día y al siguiente encontré esos bocadillos en la calle del barrio Latino que sabían a gloria y a albahaca y bajé al Sena a comerlo. Me tomé una copa de vino en aquella terraza y volví al hotel caminando en la noche y preguntándome si se notaba que era turista. Subí a la azotea de aquel edificio y volví a ver los perfiles de una ciudad que ya conocía. Me volví a quedar a las puertas de la Sainte Chapelle por no llegar a tiempo. También paseé por la sucia galería de tiendas deliciosas que me volvió a llevar al pub irlandés. Recorrí los callejones bulliciosos entre la adorable plaza de los Vosgos y la de la Bastilla. Y sí, volví a perder el tiempo sobre cada puente respirando lentamente y abriendo los ojos para no olvidar nada.
Aún recuerdo muchas cosas de París, pero no a ti.

Era mi sueño y caminaba por la ciudad llena de alegría. París nunca fue mejor.

lunes, 4 de mayo de 2009

Inútiles revelaciones de falsos domingos

Por azares del ininteligible Departamento de turnos, hoy, lunes, fui a trabajar a mi trabajo de fin de semana. Eso le da a mi lunes un aire dominguesco; pero no de vuestros domingos espectaculares con comidas en familia y paseos por la ciudad, no. De los míos: madrugón, prisas, trabajo, clientes que son solo voces con problemas, todos urgentes y todos desde hace demasiado tiempo (esto último tendría que haber sido escrito con cualquiera que fuera la señal internacional de la ironía, pero como usé en la primer línea el comodín de las cursivas, lo explico aquí: los problemas de los clientes, ni son urgentes ni los tienen hace mucho tiempo, solo lo dicen creyendo que así los resolverás antes. Y ya que estamos, un consejo de amigos: por muy amargados que esteis, cuando alguien os tenga que resolver algo, sed amables con él. Eso sí que ayuda).
Pues eso, que en mi luningo (lo siento, hago esos juegos de palabras con mi hermana, pero quizá deberían quedar reservados a la intimidad) tuve dos revelaciones.
La primera no tiene sentido ni importancia: Caminando hacia la estación de tren me di cuenta de que hoy me había levantado a las 6:30 para ir a trabajar, la misma hora en que me acosté el sábado. Eso no puede ser sano.
La segunda revelación tampoco tiene sentido ni importancia, pero igual la voy a contar.
Como dije, en este trabajo estoy sólo los sábados y domingos, así que el contacto entre compañeros, aunque constante, es más bien corto y poco intenso. Entre mis colegas hay muchos que resultan agradables y hasta encantadadores, lo cual es de agradecerse (probablemente los vea así precisamente porque el contacto es corto y poco intenso...) y hay uno en particular que me alegra el día con su presencia siempre que coincidimos. No es que me resulte, digamos, románticamente atractivo. No, es solo que me cae muy pero muy bien. Y hoy, en nuestros dos minutos de convivencia tuve la otra revelación del día.
Oye
-le dije- ¿tú sabes cómo me llamo? Porque yo no sé cómo te llamas. ¿Cómo te llamas?.
Yo soy Diego -me dijo- y no, yo tampoco sé cómo te llamas.
Entonces yo también me presenté.

La revelación tiene dos posibles lecturas, a saber:
1) Soy tan fría que ni siquiera me había interesado por el nombre de un compañero que encima me agrada.
2) Soy tan sensible que me hace feliz la presencia de un compañero del que no sé ni el nombre.

Que conste que ya había yo avisado que esto no tenía ni sentido ni importancia.
Por no tener, no tiene ni final.

viernes, 1 de mayo de 2009

Una mentira

Un día le pregunté algo a un amigo. Una de esas preguntas con cierta carga maliciosa y poca probabilidad de respuesta satisfactoria. Como dudaba en qué responer y yo caí en la cuenta de la malignidad entre líneas quise relajar el ambiente. En lugar de decirle: No hace falta que me respondas -que falta no hacía, pero yo quería saber la respuesta, le dije: No te preocupes, no necesito sentirme especial.
Quizá sea la mentrira más grande que haya dicho. Lo peor es que me creyó.

Durante muchos años fui muchas cosas que creí que me hacían especial. Después descubrí que no necesitaba ser tal o cual cosa. No necesitaba hacer honor sin cesar a mi apodo de La Malahostia (cariñosamente La Malaho). No necesitaba ser la más lista, la más interesante, la más atractiva y la más simpática. No necesitaba estar enamorada para que mi vida fuera especial. No necesitaba ser la que más libros leía, la que más había viajado, la que más amigos tenía.

Cuando me despojé de todo eso (la malahostia no del todo) seguí siendo especial. Especial para mí. Sí, necesito sentirme especial. Necesito sentir que mis amigos son especiales y alegrarme por ello. Necesito sentir que mis decisiones me han llevado a lugares que me importan. Necesito saber que encuentro personas que me interesan y que creo momentos memorables. Necesito creer que estoy haciendo lo que quiero. Necesito saber que no camino por impulso sino por decisión. Necesito preguntarme una y otra vez si esto es lo que quiero, si me hace feliz.

O quizá no lo necesito. Pero me gusta.

martes, 28 de abril de 2009

Epicentro

Estaba mareado aunque no había bebido nada. De hecho tenía la garganta tan seca como un árbol quemado. Era la ansiedad. Que si la amaba, le había preguntado. Que si la querría toda la vida. ¿Cómo podría él saber eso? Las ideas pasaban veloces por su cabeza; ni siquiera recordaba lo que le había contestado. Tenía la sensación de haber explotado y encontrarse en expansión alejándose de su epicentro.


Se lo había preguntado al fin. Que si la amaba, que si la querría toda la vida. Él le dijo que sí y le dio el beso más dulce que jamás le habían dado. Suave como una canción de amor. Recostada cerró los ojos para repetir una y otra vez la escena, tranquila, golosamente. No podía dejar de pensar en ese beso. Le parecía que el mundo, que su memoria, que la vida entera se concentraba en él, en su epicentro.

viernes, 24 de abril de 2009

Me alegra

Pincho en la fotografía y se hace grande. No lo suficiente, pero puedo mirar más de cerca ese gesto. El blanco y negro da un toque nostálgico. Mucho no se ve, no, pero imagino más. Sé que en verdad una fotografía (y más una como esta, que esconde los ojos) no puede ser un buen reflejo de la realidad. Así que pienso cómo serás. En las distancias cortas. Pero, no sé por qué, no logro componer ninguna imagen. Son tus palabras las que aparecen.
La primera vez que te leí sentí una emoción completamente adolescente. Una especie de euforia y embelesamiento que no aparece todos los días. Y eso que no era primavera.

Soy simple:
Me gustas porque no tienes faltas de ortografía.
Me gustas porque eres claro.
Me gustas porque eres tierno en su justo punto.
Me gustas porque hablas de las cosas importantes sin estridencias.
Me gustas porque haces de las cosas cotidianas poesía y no te enteras.
Me gustas porque eres ingenioso e inteligente.
Me gustas porque dudas.
Me gustas porque a veces siento como si me robaras las ideas y las palabras.

De lo poco que intuyo de ti creo que tienes una buena vida. Creo que estás en una buena época.
Y, que curioso es todo esto, me alegra.

jueves, 23 de abril de 2009

Otro día

Bueno, ya estamos aquí ¿de qué vamos a hablar hoy?
Pues no sé... Podríamos hablar de esa chica que lloraba y me quedé mirando como si...
Basta, dejar de hablar de lagrimitas, mujer. Anímate, hace sol, es primavera, ha ganado el Barcelona..
Bueno, si lo ganamos todo, eso no es novedad.
Y lo demás tampoco, pero es que a veces parece que no quieres verlo, de verdad.
Vale, vale, pensemos otra cosa. Eh... quizá de que hace quince días que no tenemos agua caliente y que...
Pero bueno ¿tú te crees que ese es un tema normal? Si es que tienes cada cosa.
Bueno, que quince días son mucho. Pero está bien, pensemos...
¿Por qué no hablas de ese chico que te mandó una rosa por correo y te hizo llorar como una boba?
Ejem... Pues porque eso es entre él y yo y además tendría que explicar que estoy de un sensible subido y parece que no hablo de otra cosa.
Qué sé yo; entonces, cuenta lo que vas a hacer mañana.
Pero si mañana tengo que sacarme sangre y luego voy a estudiar todo el día...
Si, visto así, mejor no.
Pues mira, no sé qué decirte.
Casi mejor lo dejamos para otro día ¿no?
Sí, casi mejor.

martes, 21 de abril de 2009

De paseo por mi ciudad







Niebla

Me conozco. Sé que hay días en que es mejor no hablar. No escribir. Y procurar no pensar. Es una tregua temporal. Es preferible poner una pausa momentánea que caer en las trampas espirales y veloces que me pongo a mí misma sin cesar.
Lo dice esa cancioncilla de ese disco malo que no paro de escuchar: Si no te hablo será porque no quiero volverme esclavo de mis palabras; si no te hablo será porque prefiero ser el dueño mi silencio.
Pero hoy me siento esclava de mis silencios. Prisionera de sonidos mudos y labios cerrados; y probablemente, como dice otra canción, luchando contra el enemigo equivocado.

Desde la ventana de mi habitación se ve un monte verde. Cuando hay niebla, no sé por qué, me recuerda los días en que esta ciudad era la ciudad a la que venía de vacaciones y ese tiempo llegaba a su fin. Eran los días más tristes del mundo.
Aun hoy hay ocasiones en que algunas cosas hacen que me asalte esa sensación: es hora de irse. Y aunque es solo un recuerdo que se hace pasar por real durante un segundo, es brutal y despiadado.

Pero no, no me voy. No es hora de irse.