miércoles, 9 de julio de 2008

Deseos y expectativas

Me preguntó mi psicoanalista en una sesión cuáles eran mis expectativas con respecto a cierto asunto. Ninguna, le dije. Eso es imposible, me respondió, con esa severidad que sólo desde su asiento se puede emanar. Mierda, me ha pillado. Creí que lo imposible era no tener deseos. Me había quedado claro hace años cuando en una conversación trivial dije algo inexacto al respecto y fui puntualmente corregida por un psicoanalista presente. El deseo nunca termina. Siempre hay más y más deseos tomando el poder de nuestras vidas. En cuanto satisfacemos uno aparecen decenas más. Es así por aterrador que suene. Mutan de aspecto, de gestos, de receptáculo, de intención, pero estamos hechos de deseos. Como sea que les llamemos.
Pero a mi me preguntaron por las expectativas y yo me coloqué en el plano de lo razonable. Si me hubiera preguntado por mis deseos le hubiera dado una lista más bien larga de las cosas que me apetecen y se me antojan sobre el asunto aquel por irrealizables o improbables que sean. Pero expectativas, más bien pocas.
Busqué en el diccionario de sinónimos. Deseo: aspiración, anhelo, afán, ansia, sueño, apetito, apetencia, gana, antojo, ambición; Expectativa: expectación, esperanza, perspectiva, posibilidad, confianza, aliento.
No comparten ni una definición. Después de eso se me apareció el deseo como el desbocamiento, ese que no atiende a razones ni a peligros. El deseo que desborda, que gobierna, que nos rebalsa. Y las expectativas como el intento de ceñir lo incontrolable, de encajarlo en nuestras vidas y de someterlo a la razón. ¿Es pura necedad?
Busqué en el Diccionario de la Lengua de la RAE, resumo:
deseo. Movimiento afectivo hacia algo que se apetece. Acción y efecto de desear. (desear: Aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo.Anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso.Sentir apetencia sexual hacia alguien).
expectativa. Esperanza de realizar o conseguir algo. Posibilidad razonable de que algo suceda.
Y luego me encontré una frase:
Cuantos más deseos se siembran menos felicidad se cosecha.
¿Cuál es la moraleja? ¿Que el deseo es inevitable pero lastimoso? ¿Que tendríamos que guiarnos por las expectativas, las probabilidades, las realidades y olvidar los codiciosos ardores que nos constituyen? Las expectativas son como el disfraz social del deseo, pero en el fondo, en la intimidad, en la soledad, el deseo asedia y las expectativas se impacientan sin remedio. Por que, negarlas incluso ¿no es concederles una posibilidad?
Si va a tener razón mi analista.
Otra vez.

P.D.M. I want you, de Elvis Costello.

1 comentario:

Nicolas dijo...

Te voy a dar una visión un tanto optimista de las cosas

Lo interesante respecto al deseo, es que siempre esta en continuo movimiento, como un átomo, lo cual nos dice que si bien hay deseos o expectativas de "x" asunto que no llegan a buen puerto, siempre tendrás una interminable fila de otros deseos que llegaran para continuar la escalada que hace que la vida sea tan interesante, tanto para bien como para mal.

Si uno pudiera expresar la ausencia total de deseos, en realidad estaría planteando algo, por lo cual la palabra “ausencia” deja de tener la validez empleada en primer termino.

Es como la teoría del caos o que vino antes , si el huevo o la gallina.

Bueno ya me puse delirante

Un beso

Nico K.