viernes, 11 de julio de 2008

Las pequeñas cosas que no dije

No es ni malo ni bueno, o más vale no entrar en la materia. Pero mientras reflexionaba sobre unos asuntos que involucran decir o no ciertas cosas caí en la cuenta de algunas frases que ya no puedo decir. Por muchos motivos, por que ya no vienen al caso, por que ya no está quien debía escucharlas, por que ya no las siento. Y no hablo de arrepentimientos desgarradores ni de grandes declaraciones que hubieran cambiado el rumbo de una vida. No, son pequeñas cosas que simplemente podría, quizá incluso debía haber dicho. Pasaron por mi cabeza en algún momento pero no salieron de allí y ahora pienso en ellas y en la gente que no las escuchó ni escuchará. Algunas me las callé por cobardía, otras por vanidad, o por miedo, o por darlas por hecho, por no decirlo yo primero, por vergüenza.
Sé que en cada frase no dicha deposité la historia de una circunstancia, de una persona en mi vida, pero en sí son del todo comunes. Yo también tengo la culpa, Dame un abrazo, Gracias por intentarlo, Te estás equivocando, Tenemos que hablar, No me da la gana.
Luego están sus primas hermanas, que son las frases que sospecho que se irán al mismo sitio de donde han salido por un momento éstas. Cosas que aún puedo decir pero seguramente dejaré que también mueran de cobardía, de miedo y de vanidad.
Tienes una sonrisa preciosa, Lo hice pensando en ti, ¿Quieres charlar un rato?, Es tarde para eso, Quiero verte.
Quizá son oportunidades perdidas. Palabras y silencios. Es lo que hay.

2 comentarios:

cristinha dijo...

eu son das que pensan que hai veces que é mellor calar e que as cousas sigan o seu camiño por si soas...

..aínda que ás veces...

saudiños

Lasosita dijo...

Me gusta pensar que procuro decir las cosas positivas y sinceras a la gente, sobre todo si sé que les va a hacer un bien, una palabra de ánimo, algún sentimiento mío que me cosquillea por salir...
Pero yo no soy capaz de soportarlos. Siento como si me pusieran a la fuerza un abrigo un día de muchísimo calor.
Pero es lo que hay, Leola!